Sáb07212018

ActualizadoVie, 20 Jul 2018 5pm

ULTIMO MOMENTO :

Lectura de Domingo: "ARA San Juan y el triste pulso de nuestra sociedad" por Nino Ramella

Esto fue escrito el 25 de noviembre en Mar del Plata, la ciudad del autor. Ese día una marcha acompañó a los familiares de los tripulantes. El jueves 30 la Armada anunció que se desistía de la búsqueda. Ramella, como todos, sin saber el desenlace planteó el aún vigente silencio respetuoso a modo de tributo.

 

La jibarización mental que sufrimos los argentinos al punto de reducir nuestro cerebro a una ecuación binaria ha logrado desterrar hasta las pulsiones más atávicas.

Frente a una tragedia hemos desarticulado un proceso que yo creía consustancial a la naturaleza humana: que la conmoción, la angustia y la tristeza precedan por un tiempo considerable a la búsqueda de sus causas, y si los hubiere, de sus responsables.

No digo todos, pero una importante porción de nuestra ciudadanía no ha tardado ni minutos en salir a acusar al gobierno anterior o al actual, siempre claro está según el lado de la grieta en el que se ubique.

La demostración cabal de la falta de pensamiento crítico y del rigor honesto en el análisis lo da el hecho de que el 100 % de los que están de un lado acusan al de la vereda de enfrente. Es decir, la reacción automática que no requiere de análisis alguno. Alguien sube cualquier boludez que valide mi prejuicio y yo lo replico.

Es más, aunque suene espantoso confesar este pensamiento, hasta tengo muchas veces la sensación de que el entusiasmo de algunos por la posibilidad de encontrar algún argumento astuto contra el enemigo es más fuerte que la consternación.

Petulantes como somos nos hemos cansado de ventilar urbi et orbi que los argentinos somos un pueblo solidario y empático con las desgracias ajenas. ¿Saben una cosa? descreo absolutamente de esa categorización.

La mezquindad de quienes se tiran sobre los cadáveres de una tragedia para antes de vivir el esperable duelo llevar agua al propio molino es obscena.

Es tan triste ser testigo del mediocre pulso de nuestra sociedad que la idea de un futuro mejor resulta hoy una quimera.

Tan es sesgada la mirada según se ubique el opinador, que los mismos hechos sirven para validar criterios opuestos.

Los que están cercanos al actual gobierno y reciben acusaciones por la tragedia del Submarino San Juan reaccionan diciendo que sus acusadores nada dijeron del gobierno responsable de la tragedia de Once.

Por su parte los militantes opositores de la actualidad gritan: acusaron encendidamente a la presidenta por lo ocurrido en Once y hoy bien que se callan y no acusan al presidente por lo del submarino.

Por supuesto que creo enfáticamente en que no puede dejar de investigarse lo ocurrido y que es necesario que se conozcan los responsables de la tragedia si es que no puede asignarse a un accidente imprevisible. Las consideraciones y opiniones al respecto sólo pueden ser ulteriores a los resultados de esa investigación.

Sacar conclusiones políticas cuando no tenemos siquiera indicios de lo que pudo haber pasado es inmoral.

En un rato habrá una marcha en mi ciudad. Se la convoca para brindar apoyo y acompañamiento a los familiares de los tripulantes. Me parece muy bien. Creo necesaria esa expresión solidaria y masiva. En este particular momento un silencio respetuoso debería ser la mejor manera de acompañar su dolor.

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