Sáb07212018

ActualizadoVie, 20 Jul 2018 5pm

ULTIMO MOMENTO :

Lectura de Domingo: “Los de afuera son de palo” por Carlos Baeza

Dice el autor que "..prestos a festejar la Natividad del Señor, nada mejor que una buena confesión". Baeza desnuda su pensamiento en esta navidad y en virtud del disparador que fueron los sucesos de violencia y vandalismo en las aciagas jornadas del tratamiento en diputados de la ley de reforma previsional.

 

La teoría de la representación -como sostiene Duverger- ha sufrido una profunda transformación con la aparición de los partidos políticos ya que no se trata de una suerte de diálogo entre el elector y el elegido, sino que entre ellos se ha introducido un tercero y por ende antes de ser elegido por sus electores, el representante debe ser elegido por su partido con lo cual los electores no hacen más que ratificar esa selección. Así, el electo ya no representa ni a sus electores, ni a su circunscripción, sino lisa y llanamente al partido que lo postuló y por eso el parlamento no es sino el recinto en el que se encuentran los representantes, no del pueblo como dice la Constitución, sino de los partidos políticos. De allí que los bochornosos y violentos episodios ocurridos en la Cámara de Diputados de la Nación, tanto en el recinto como en las calles adyacentes, en las dos jornadas en que se trató de debatir una modificación al sistema previsional, han puesto en evidencia la fragilidad de nuestras instituciones al atentar contra el Estado Derecho, esto es, el régimen en el que gobiernan las leyes y no los hombres, pilar fundamental de una auténtica República. Y el análisis no puede prescindir del papel jugado tanto por los diputados dentro del Congreso como de los violentos en la vía pública.

1° En cuanto al primer aspecto, es conveniente recordar que en nuestro sistema constitucional, la soberanía reside en el pueblo el cual, por tratarse de una república representativa, no delibera ni gobierna sino a través de los representantes que el mismo elige en forma periódica y a través del sufragio universal (arts. 1, 22 y 33 de la C.N) Sentado ello, las funciones estatales son distribuidas entre los tres poderes, a saber: el Legislativo, integrado por dos cámaras, cuya tarea estriba en debatir y aprobar las normas jurídicas que el sistema requiere; el Ejecutivo, unipersonal y en cabeza del presidente, que lleva a cabo la administración general del país; y el Judicial compuesto por la Corte Suprema de Justicia y los demás tribunales inferiores que tiene a su cargo resolver los conflictos entre partes.

2° En el caso concreto del Poder Legislativo, el procedimiento para la formación de las leyes, requiere la presentación de un proyecto por parte de un diputado; de un senador; del presidente o por medio de la iniciativa popular (arts. 77 y 39). De tal forma, todo proyecto debe ser aprobado por ambas cámaras, obteniendo así sanción, para luego ser remitido al presidente, quien si igualmente lo aprueba, lo promulga y procede a su publicación para que adquiera obligatoriedad (arts. 78 y 80 CN) En caso que el proyecto no obtenga la aprobación de una de las cámaras, no podrá tratarse hasta el siguiente periodo de sesiones (art. 81 CN); en tanto que si fuere modificado el texto constitucional prevé un mecanismo de mayorías que harán que el proyecto pueda ser sancionado con o sin las modificaciones propuestas (art. 81) Finalmente, si quien no aprueba el proyecto es el presidente ejerciendo su derecho de veto, el mismo vuelve a las cámaras y si estas insisten con dos tercios de votos, queda aprobado, mientras que si una de ellas no cuenta con esa mayoría, el proyecto queda vetado y no puede considerarse hasta el próximo periodo de sesiones (art. 83 C.N).

3° El proyecto de modificación al sistema previsional nació en la Cámara de Senadores, dentro de la cual obtuvo aprobación en comisiones como igualmente a posteriori en el recinto, con lo que logró media sanción. Al pasar a la Cámara de Diputados, ésta igualmente logró despacho favorable de las comisiones por lo que se fijó el día 14 de este mes para ser debatido en el recinto. Conforme lo explicitado en el punto anterior, la tarea de los diputados era discutir el proyecto, brindando los argumentos que en pro o en contra del mismo alegaran los distintos bloques, para finalmente proceder a votar y allí se determinaría la suerte final del proyecto, es decir, la aprobación, el rechazo o la modificación, con los alcances señalados en el punto anterior. Pero en lugar de ello, los diputados que supimos conseguir demostraron, una vez más, no solo no estar a la altura de la alta investidura con la que fueran ungidos sino que con su accionar lesionaron la ya poca credibilidad del pueblo en sus representantes. Así, el diputado Moreau, flamante adquisición del cristinismo (estaba barato en el libro de pases) a quien solo le pidieron a cambio de su servilismo a la jefa, hacer lo que se vio hiciera: insultar en forma soez y reiterada al presidente de la cámara e invitarlo a pelear, creando el caos que buscaban para levantar la sesión, lo que finalmente lograron. Este deleznable personaje acaba de justificar la brutal agresión que sufriera el periodista Julio Bazán al sostener que el mismo “ha sido víctima del grupo donde trabaja, que proclamó el periodismo de guerra”, como si trabajar en un medio fuera motivo suficiente para justificar una agresión física o verbal. Sin comentarios.
Otro que estuvo activo fue el diputado Castagneto quien arrancó el micrófono del estrado, y hasta hubo uno, el diputado Pietragalla quien luego de arrojar el mismo al suelo hurtó la lapicera del presidente de la cámara (digo “hurtó” y no “robó”, ya que no ejerció violencia ni en las personas ni en las cosas, sino que simplemente la tomó del estrado, frente a las cámaras de vigilancia). También hubo festejos por la no continuidad de la sesión por parte de algunos de “la ancha avenida del medio”, como los diputados Solá y Tundis, esta última exultante por los pasillos, en tanto “el vasco” De Mendiguren, abonado permanente al atril de la diatriba, se abrazaba efusivamente con “el chivo” Rossi.

Pero de entre todos estos matones de guardería, quien se encargara de denigrar con énfasis al Congreso que ella misma integra y en una actitud “fujimorista”, fue la diputada Donda, quien realizando un ridículo papel al levantarse de su banca y protagonizar un solitario y unipersonal “cacerolazo”, afirmó sin ponerse colorada que “esta es una ley que se gana o se pierde en la calle”. Si un diputado está convencido que las leyes se tratan en las calles y no el Congreso, su presencia en este cuerpo está de más y el escuálido espacio político al que representa debería solicitarle su renuncia.

También la oposición alegó falsamente que al momento de iniciarse la sesión del día 14, hubiera quórum lo cual fue desmentido por las imágenes televisivas de las pantallas de votación de la cámara, que daban cuenta que se había alcanzado el número mínimo para sesionar de 129 diputados. Y una acotación en torno al tema del quórum que para muchos legisladores es “una herramienta política” que les permite entrar o no al recinto según sus propias conveniencias partidarias, pudiendo verse a legisladores de la oposición jugando a “la escondida” tras los cortinados, esperando que el oficialismo lograra el quórum, para recién después ingresar.

Los diputados -al igual que los senadores- fueron electos para cumplir su rol legislativo, cual es el asistir a todas las sesiones que realicen las cámaras, salvo motivos justificados. El art. 16 del Reglamento de la Cámara de Diputados estipula que los mismos “están obligados a asistir a todas las sesiones desde el día en que fueren recibidos”, por lo cual no puede quedar en manos de los legisladores decidir si dan o no quórum para que el cuerpo pueda sesionar válidamente. Si fuera una tarea ad honorem quizá podría esgrimirse algún justificativo, pero ese no es el caso de los legisladores que supimos conseguir, quienes gozan de altas dietas así como de pasajes aéreos en cantidad tal que pueden cambiar en efectivo si no los utilizan, automotores, ejércitos de asesores y otras prebendas. Ello sin contar con la escasa cantidad de sesiones, tal como ocurriera este año electoral, en que la mayoría de sus integrantes dedicaron su tiempo a la campaña partidaria.

Y en cuanto a la sesión del día 18, cuando finamente se lograra debatir y aprobar el proyecto de ley, a este resultado se arribó después de una maratónica exposición de quienes se oponían a su tratamiento y solicitaban el levantamiento de la sesión. Para ello recurrieron al planteo de las “cuestiones de privilegio” no obstante que las mismas de manera alguna contemplaban reglamentariamente ese aspecto. En efecto: el art. 127 del Reglamento de la Cámara de Diputados establece que es moción de orden toda proposición que tenga determinados objetos, citándose en el inciso 6 a las “cuestiones de privilegio” que según el art. 128 son “aquellas que se vinculan con los privilegios que la Constitución otorga a la Cámara y a cada uno de sus miembros para asegurar su normal funcionamiento y resguardar su decoro y serán consideradas con desplazamiento de cualquier otro asunto. Para plantearlas, los diputados dispondrán de cinco minutos. La Cámara decidirá por el voto de los dos tercios de los miembros presentes, si se le acuerda trato preferente” Evidentemente, la oposición utilizó la “chicana” de recurrir a “cuestiones de privilegio” cuando de manera alguna estaban en juego ni los privilegios de la cámara ni de sus integrantes, quienes en todos los casos lo único que solicitaban era que la sesión se suspendiera, ya fuera porque estaban en contra de la ley, o por los violentos disturbios en la calle, cuando ni siquiera habían comenzado.

4° Finalmente, el vandalismo registrado en la calle se ha querido justificar por parte de la oposición en los perjuicios que generará a los jubilados la norma finalmente aprobada. Pero cualquiera sea la bondad o desacierto de una ley, nada justifica ni tratar de impedir el normal funcionamiento del Congreso ni menos aún la violencia callejera ejercida, no por los miles de personas que solo reclamaban con la única arma de su voz, sino por parte de los “desconocidos de siempre”, esto es, los grupos de izquierda radicalizados a quienes cualquier colectivo los deja bien. La Constitución Nacional garantiza a los habitantes los derechos de expresión, reunión y petición a las autoridades (art. 14 C.N) siempre que lo sean en forma pacífica. Ya en la primera confrontación del día 14 se sostuvo un argumento que resulta extraño cual fue que la presencia de tantos efectivos de Gendarmería “era una provocación”. Una vez más, las filmaciones demostraron que las fuerzas de seguridad se mantuvieron en su posición sin movilizarse lo cual se explicaba por la sencilla razón que habían sido convocadas para impedir desmanes y el ingreso por la fuerza al edificio del Congreso. Más que “provocación” era una “protección” del funcionamiento institucional y de los bienes públicos. Pero dado que los delincuentes tenían planificada su estrategia, comenzaron con las agresiones verbales y acto seguido pasaron a la agresión física con piedras, palos, bombas “Molotov” y cuanto objeto pudieran arrojar, generando la reacción de las fuerzas de seguridad y creando un caos total que dejó numerosos heridos, comercios destrozados y saqueados y vehículos quemados, sin contar con los daños en los paseos públicos. Y este esquema se repitió pero con mayor vehemencia y agresividad en la sesión del día 18, cuando la Gendarmería fuera reemplazada por la policía de la ciudad, la cual se vio superada por los violentos y se debió recurrir al auxilio de otras fuerzas, para repeler ataques que en esta ocasión y además de los elementos utilizados en la anterior oportunidad, contaron con armas caseras de extrema peligrosidad, como la que portaba un ex candidato a concejal de la izquierda.

5° Frente a este cuadro de situación, hay que reiterar que nuestra forma de gobierno es representativa y que por ende, los únicos habilitados para decidir qué leyes deben sancionarse y cuándo deben entrar en vigencia y proceder en su consecuencia, son los representantes que el pueblo eligió. Los muchachos de la izquierda, hábiles en la lucha callejera, deben entender que ni ellos; ni los movimientos sociales; ni los sindicatos; ni ninguna otra organización pueden decidir la marcha y decisiones de un gobierno popularmente electo, salvo que recurran al procedimiento de la iniciativa popular, en las condiciones y forma previstas por el art. 39 de la C.N. La calle no puede reemplazar al Congreso, -como lo pretende Donda- ni al Poder Ejecutivo ni al Judicial; podrá haber marchas y reclamos organizados por todos estos sectores y hasta por aquellos que sin pertenecer a ninguno de ellos, estén en contra de alguna decisión gubernamental, y cualquier protesta de esta naturaleza, siempre que sea pacífica, está garantizada por la Constitución. Lo que el Estado de Derecho no puede tolerar es que so pretexto de oponerse a una ley, por la cual muchos jamás se interesaron y otros legislaron en contra de ella, se fomente el caos y la violencia, máxime cuando ello es llevado a cabo por sectores minúsculos de la izquierda a quienes en las elecciones no vota nadie y cuya único objeto es la agresión a las fuerzas de seguridad y la destrucción de bienes públicos y privados.

Karl Loewenstein afirma que “Las constituciones, al igual que los avestruces, tratan a las asambleas legislativas como si estuviesen compuestas de representantes soberanos y con libre potestad de decisión, en una atmosfera desinfectada de partidos. Será expresamente ignorado el hecho de que los diputados estén delegados en la asamblea a través de las listas de candidatos de los partidos y que, según el tipo gubernamental imperante, estén sometidos a las instrucciones y a la potestad disciplinaria de los partidos. Se repetirá hasta la saciedad la mística espuria de que el miembro del parlamento representa a la nación entera, siendo el resultado práctico que el diputado pueda cambiar de partido según su voluntad, sin tener que temer que sus electores le pidan cuentas por ello”

Realmente, una República no puede funcionar ni progresar con estos mecanismos de barbarie que la mayoría silenciosa o no tanto, repudia con fuerza, llevados a cabo por personajes que atrasan años y que parecen ignorar que el comunismo desapareció; que el Muro de Berlín fue demolido; que China es capitalista y que el propio gobierno de Moscú ni siquiera rememoró el centenario de la Revolución. Por eso, y como dijo la ex presidente, si quieren gobernar, formen un partido y preséntense a elecciones.

Mientras tanto, quienes gobiernan –mal que les pese- son los representantes del pueblo electos en comicios limpios y periódicos, por lo cual, “los de afuera son de palo”.

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