Dom05202018

ActualizadoDom, 20 May 2018 4am

Lectura de Domingo: "Empuja la vaca" de autor anónimo

Cuento difundido en páginas, mails, whatsapps y hasta mencionada en la célebre "Merlí", la serie de Netflix. En este verano de 2018, recomendamos la leectura y su reflexión sobre cuántas y cuáles vacas debemos empujar para salir adelante como país, como ciudad y como personas.

 

Un maestro samurái paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vió a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.

Durante la caminata le comentó al aprendiz, sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas, y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes: una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado.

Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:

'En este lugar no existen posibilidades de trabajo, ni puntos de comercio tampoco, ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?'

El señor calmadamente respondió:

'Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita, que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos, o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina, y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.'

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.

En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo, y le ordenó:

'Busca la vaquita, llévala al precipicio de allí enfrente, y empújala al barranco.'

El jóven espantado vió al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaca era el medio de subsistencia de aquella familia.

Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la órden.

Así que empujó la vaca por el precipicio y la vió morir.

Aquella escena quedó grabada, en la memoria de aquel jóven durante algunos años.

Un bello día, el joven agobiado por la culpa, resolvió abandonar todo lo que había aprendido, y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos.

Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa, y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado, imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno, para sobrevivir.

Aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático.

El jóven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí.

Espantado el jóven entró corriendo a la casa, y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años, con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca):

'¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?'

El señor entusiasmado le respondió:

'Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas, y desarrollar otras
habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

La moraleja nos dice que todos tenemos una vaca, que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobrevivencia, la cual convive con la rutina, y nos hace dependientes de ella, y así nuestro mundo se reduce, a lo que la vaca nos brinda.

Locura es seguir haciendo lo mismo, y esperar resultados diferentes.

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