Sáb06232018

ActualizadoSáb, 23 Jun 2018 11am

Lectura de Domingo: "Mirándonos el ombligo" por Nino Ramella

Probablemente el reverdecer de los nacionalismos sea la mayor amenaza contra la dignidad humana en los días que corren. Esos brotes chauvinistas han encendido a lo largo de la historia los genocidios más espeluznantes.

 

Muchas veces ayudados por la religión empujaron al odio y desataron guerras. El fundamentalismo islámico es una cruda realidad actual y el nazismo lo fue hace no tanto.

Amar la tierra de uno y tener un lugar en el mundo es consustancial a la naturaleza emocional de los seres humanos, pero de ahí a convertir ese sentimiento en el motor de la irracionalidad que nos convence de que somos el inapelable ejemplo mundial hay una distancia enorme.

Cada vez que escucho inflamados discursos en los que se menciona la palabra Patria empiezo a temblar. Y si llegare a combinarse con la palabra “dios” pues entonces sabemos que estamos frente al cataclismo. Genocidio en puerta.

Como decía George Orwel, el nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio lado, sino que tiene una extraordinaria capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas.

Me parece más generoso, rico y solidario entender como congéneres y semejantes a todos los seres humanos, vivan donde vivan, que exacerbar una xenofobia que pretende ser tomada como la justa defensora de los compatriotas.

Borges anhelaba un mundo sin fronteras. Siempre he pensado lo mismo. No me siento ajeno del otro lado de la frontera. Los antipáticos agentes de migraciones parecen patovicas que autorizan a que uno entre o no a su propia casa. Acaso por eso admiro a Médicos sin Fronteras.

No hay ser humano o conjunto social que no tenga algo de lo que podamos aprender. Confrontar por arrebatos emocionales que nos encaraman en lo alto de la cima de la propia petulancia es jibarizar nuestra inteligencia.

Escuché desde chico que como en la Argentina no se comía en ningún lado. Mentira. Que teníamos la avenida más larga del mundo. Mentira. Que somos la envidia de Latinoamérica por nuestra extendida clase media sin asimetrías. Mentira. Que la huella dactilar es un invento argentino, como lo es la birome. Mentira. O el dulce de leche, el mate o el colectivo…y hay más leyendas falsas.

Podríamos sumar en estos días que en Alemania la pobreza es más grave que en la Argentina, pero más vale no crispar el avispero.

Camilo José Cela sostenía que el nacionalismo se cura viajando. Creo que tiene razón...aunque no es el único método. Bajando un poco los niveles de arrogancia y abriendo la mente para dejar entrar aires no contaminados por el prejuicio... no se necesita viajar para entender que no estamos solos ni somos los mejores.

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