Mar08142018

ActualizadoMar, 14 Ago 2018 9am

Lectura de Domingo: "El complejo significado del 25 de Mayo" por Susana Bandieri

Para muchos argentinos, el 25 de Mayo de 1810 es el acontecimiento más significativo de la historia nacional. Y, de hecho, podría decirse que así lo es, en tanto implica el inicio de varios caminos de construcción de la Nación argentina.

 

Pese a estar muy instalada la idea de que en mayo de 1810 se produjo el nacimiento de la nacionalidad argentina, debe decirse que no había entonces una idea de Nación preexistente, al menos no como la pensamos ahora. Es decir, la sociedad de esa época podía sentirse tucumana, cordobesa o entrerriana, a lo sumo americana, pero no todavía “argentina” –término que por otra parte se comenzó a utilizar oficialmente recién en la segunda mitad de la década de 1820-.

Hoy sabemos que las únicas unidades socio-políticas existentes a lo largo de la primera mitad del siglo XIX fueron las provincias autónomas y soberanas, aún cuando aceptaran confederarse, razón por la cual resulta insostenible la idea de la preexistencia de una nación en la instancia revolucionaria. Pero ese “mito de los orígenes”, como decimos los historiadores, no se construyó solo, sino que fue producto de un cúmulo de ideas planteadas por la llamada Generación del 37 -Alberdi, Sarmiento, Echeverría- y retomadas luego por los padres de la historiografía liberal, especialmente por Bartolomé Mitre.

Según estas interpretaciones, la revolución de Mayo era producto de un plan previamente concebido por un grupo con claras intenciones independentistas y republicanas, a la cual habían apoyado inicialmente los sectores populares. Estos últimos habían luego desviado su camino en seguimiento de caudillos que condujeron a una anarquía política y social que tuvo su mayor expresión en el período rosista.

La derrota definitiva de Rosas en 1852 habría permitido entonces retomar el rumbo para la constitución definitiva de una república federal y democrática. Más tarde, el llamado “revisionismo histórico” de la década de 1930, desde una posición nacionalista, recuperó para la historiografía argentina la importancia de la herencia hispánica, del rol de los caudillos y del significado del gobierno de Juan Manuel de Rosas.

Desde distintas posiciones ideológicas se construyó entonces una historia nacional de buenos y malos, donde los buenos de un bando eran los malos del otro.
Aún cuando desde la historia se han superado estas visiones maniqueas, sigue sin embargo instalada en el imaginario social la idea de que Mayo es el símbolo del nacimiento de la patria y del origen de la Nación, y esto es porque la versión liberal de la historia se convirtió, finalmente, en “historia oficial” y así penetró en escuelas, manuales y fiestas patrias, donde el culto a los héroes –de bronce por cierto, no humanos- persiste hasta la actualidad.

¿Esto quiere decir que lo que siempre creíamos que significaba Mayo no lo es? No necesariamente, pero debemos saber que los acontecimientos del día 25 no explican por sí solos un proceso histórico más largo y complejo. Por cierto que el cautiverio del rey luego de la invasión de Napoleón a España desencadenó los sucesos y un conjunto de teorías por entonces circulantes se dieron cita en Mayo de 1810, donde primó el principio de que la soberanía debía retrovertir en el pueblo.

Las ideas independentistas, presentes en una minoría ilustrada –Moreno, Castelli, Monteagudo- no tardaron en aparecer. Para muchos, la república imaginada por éstos era todavía una opción riesgosa -Francia lo había intentado y había terminado en el imperio napoleónico-, por eso preferían una monarquía atemperada, es decir, limitada por una constitución, como Belgrano y San Martín, aunque también tuvieran clara la idea de independencia.

La idea de independencia iría tomando cuerpo en el transcurso de la revolución, se consolidaría más firmemente con la llegada de San Martín y la creación de la Logia Lautaro, que junto a la Sociedad Patriótica liderada por Monteagudo encabezaron la revolución de 1812 que puso fin al centralista Primer Triunvirato y convocó a la Asamblea del año XIII, con dos objetivos definidos: la declaración de la independencia y la unidad americana.

Pese a los primeros avances independentistas de la obra de la Asamblea –quitar el nombre y emblemas de Fernando VII, aprobar la creación de un himno y otros símbolos patrios, etc.- estos objetivos no se cumplieron, entre otras cosas por la vuelta al trono del monarca español, hasta la reunión del Congreso de Tucumán en 1816.

Pero aún allí, el documento oficial declaró la independencia de las “Provincias Unidas de Sudamérica” y esto porque en el nuevo escenario internacional, después de la derrota de Napoleón y la vuelta de las monarquías absolutas, cualquier intento independentista sólo sería exitoso en el marco de una estrategia continental, tal y como insistían San Martín, O’Higgins y Bolívar.

Fuente: www.lmneuquen.com

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