Mié10172018

ActualizadoMié, 17 Oct 2018 11am

Lectura de Domingo: "Ahora pañuelos naranja" por Carlos Baeza

Si bien desde hace un tiempo se ha instalado en la sociedad el uso de pañuelos verdes en apoyo a la futura ley de despenalización del aborto, ahora han aparecido referentes de esta postura que han comenzado a utilizar pañuelos naranjas...

 

Así lo hicieran recientemente las -¿artistas?- Catherine Fulop y Verónica Llinás quienes explicaron que el gesto simboliza “Iglesia y Estado. Asuntos separados”, abogando por un Estado laico en el cual la Iglesia se encuentre separada del Estado. Por su parte, el senador Pichetto -que ahora se ha vuelto “guapo” y gran opinador luego de años de enmudecer y de ser vilipendiado por Cristina- sostuvo que “La Iglesia debería ser tolerante y comprender los cambios de la sociedad”, los cuales “ hay que tolerarlos, incorporarlos y legitimarlos con un marco legal”.

1° La ignorancia de estos personajes en la temática del aborto revela un profundo desconocimiento de nuestro sistema constitucional. En efecto: no obstante los antecedentes patrios sancionados a partir de 1811 y que consideraban que el catolicismo era “la religión oficial y la única verdadera”, lo cierto es que los Padres Fundadores se apartaron de esta posición pues como sostuviera Sarmiento “Cuando se quiere establecer una religión de estado, con exclusión o admisión de otros cultos, el legislador dice claro, la religión del estado es la católica; porque es en efecto esa la que quiere hacer dominar”.

En tal sentido, la Argentina no tiene religión oficial y la Iglesia se encuentra separada del Estado, en tanto los habitantes gozamos de la libertad de culto conforme lo prescribe el art. 14 C.N. Por ello Alberdi afirmaba que “Si queréis familias que formen las costumbres privadas, respetad su altar a cada creencia.

La América española, reducida al catolicismo con exclusión de otro culto, representa un solitario y silencioso convento de monjes. El dilema es fatal: o católica exclusivamente y despoblada; o poblada y próspera, y tolerante en materia de religión”. Pero fue Lavaysse, quien como sacerdote, hizo una apasionada defensa de la libertad de cultos, al expresar que no en esa calidad, sino como diputado, “debía promover para la Nación las fuentes de su prosperidad, y que la inmigración de extranjeros aunque de cultos disidentes, era a su juicio una de las principales; que como sacerdote les predicaría después el Evangelio y la verdad de su religión con calor y conciencia, como acostumbraba hacerlo en desempeño de sus obligaciones ministeriales. Que el catolicismo nada tenía que temer de las otras religiones”

2° No obsta a estas conclusiones la cláusula del art. 2° C.N en cuanto dispone que la Nación “sostiene” el culto católico apostólico romano”. Ese dispositivo junto a otros artículos proviene del Derecho de Patronato, institución recogida por los constituyentes de 1853 y merced a la cual, a cambio de permitir al presidente la propuesta de obispos así como otras prerrogativas, comprometía al gobierno a apoyar económicamente a la Iglesia Católica. De allí que por ello se exigía que el presidente fuera católico y jurara sobre los Santos Evangelios, entre otras disposiciones.

Pero todo ese andamiaje quedó sin efecto con el Acuerdo de 1966 entre la Santa Sede y nuestro gobierno, luego recogido en la reforma constitucional de 1994, por lo cual el art. 2 C.N solo significa según la Corte Suprema de Justicia que los gastos del culto serán pagados por el Tesoro nacional, incluidos en su presupuesto y sometidos al poder del Congreso (Fallos 151:403). Por tanto y mientras esta norma no sea suprimida en una eventual reforma constitucional, el Estado tiene la obligación de sostener al culto católico pero sin que ello signifique fusión de Estado e Iglesia ni culto oficial. Así que la utilización del pañuelo naranja nada significa ya que, en Argentina, la Iglesia se encuentra separada del Estado desde 1853.

2° Y respecto a los dichos de Pichetto cabe recordarle que la opinión de la Iglesia Católica en materia de aborto no pasa de ser una más pero que la cuestión no estriba en el la postura de la misma sino en un doble fundamento científico y jurídico. En cuanto al primer aspecto, precisamente, la Conferencia Episcopal de los EE.UU refutó los dichos del entonces senador Joseph Biden quien había expresado que estaba de acuerdo con la Iglesia en que era una cuestión de fe el hecho de considerar que la vida comienza desde la concepción. Al respecto, sostuvieron los prelados, que el comienzo de la vida, es una cuestión de biología ya que “hoy los libros de texto de embriología confirman que una nueva vida humana comienza en la concepción. La Iglesia Católica no enseña que se trata de una cuestión de fe, sino que lo reconoce como un hecho científico”.

Jean Rostand, Premio Nobel de biología sostiene que “Existe un ser humano desde la fecundación del óvulo”. Y ello por cuanto “desde hace más de 100 años sabemos que cada especie vegetal o animal, se distingue por el material genético presente en las células de los cuerpos de los individuos pertenecientes a la especie. La forma externa y las demás propiedades características de la especie, están inscriptas en su material genético. Y puesto que cada ser vivo lleva consigo durante toda su vida el mismo material genético propio de la especie, se debe concluir en que cada ser vivo sólo puede pertenecer a una especie determinada y nunca puede cambiar de especie”. Ello significa que el no nacido, ya pertenece a la especie humana desde el momento mismo de la concepción, sin que de allí en adelante le sea posible cambiar de especie ni tampoco agregar o modificar algo en su carga genética.

Y respecto al fundamento jurídico, nuestro Código Civil en su art. 19 dispone que “La existencia de la persona humana comienza con la concepción” Pero como si ello no fuera suficiente, tratados celebrados por nuestro país consagran el mismo principio, con el agregado que los mismos, luego de la reforma de 1994, forman parte del bloque de constitucionalidad y tienen jerarquía superior a las leyes (arts. 31 y 75 inc. 22 C.N) Y así, la Convención sobre los derechos del niño (1989) define al niño como todo ser humano menor de 18 años quien goza del derecho intrínseco a la vida (arts. 1° y 6°); en tanto que la ley 23.849 dispuso una reserva declarativa según la cual el niño es todo ser humano desde el momento de su concepción.

Por su parte el Pacto de San José de Costa Rica en su art. 4° 1, establece que el derecho a la vida está protegido a partir del momento de su concepción; y similar protección brindan el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 (art. 6° 1); la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre de1948 (art. 1°) y la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 (art. 3°).

3° Finalmente, cabe recordarle a Pichetto y a sus compañeros de bloque que los constituyentes de 1949 al discutir el art. 37, afirmaban que esa norma permitiría al Congreso “…dictar la legislación que proteja al individuo en forma integral, en todo el proceso de su vida, es decir, desde su concepción hasta su muerte” (Méndez San Martín) en tanto que Mendé dijo que “La protección del niño, desde su concepción hasta su nacimiento y desde su nacimiento hasta que llega a ser hombre, significa defender y acrecentar un capital humano…”

En los próximos días el Senado debatirá el proyecto que ya tiene media sanción de la Cámara de Diputados. Según trascendiera, se introducirán modificaciones y deberá observarse si las mismas son aprobadas por mayoría absoluta o por dos tercios lo cual obliga -en ambos casos- a que la normativa regrese a la otra cámara. Ello por cuanto si el Senado aprueba las reformas con dos tercios de votos, la de Diputados para poder rechazarlas e insistir en el proyecto originario debe contar con igual mayoría, ya que si así no fuera, el proyecto quedará sancionado tal como fuera modificado en el Senado (art. 81 C.N) Pienso que el Senado no contará con dos tercios sino que las enmiendas serán aprobadas por mayoría absoluta, en cuyo caso le bastará a la de Diputados contar con la misma mayoría para rechazar las reformas del Senado y sancionar el proyecto tal como fuera aprobado en esa sala, no sin dejar de señalar que en esa oportunidad solo 4 votos decidieron la media sanción.

4° Es indudable que la mujer goza del derecho a disponer de su cuerpo, pero es una falacia el admitir que igualmente pueda disponer, no ya del suyo, sino de otro, totalmente independiente y distinto como lo es la creatura humana desde su concepción: la madre lo lleva en su seno pero no forma parte de su cuerpo.
El aborto es siempre un homicidio y bajo su amparo, se asesina a alguien que no decidió venir al mundo y que, indefenso en el vientre que debía cobijarlo durante nueve lunas, soporta ser despedazado sin misericordia alguna. Precisamente y como lo señala la Doctrina Social en el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la que habla de “interrupción del embarazo”, que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública.

Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de las conciencias. “Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.

Quien se elimina es un ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar…Es débil, inerme, hasta el punto de estar privado incluso de aquella mínima forma de defensa que constituye la fuerza implorante de los gemidos y del llanto del recién nacido. Se halla totalmente confiado a la protección y al cuidado de la mujer que lo lleva en su seno.

Sin embargo, a veces, es precisamente ella, la madre, quien decide y pide su eliminación, e incluso la procura. Por tanto, ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios”.

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