Vie03222019

ActualizadoVie, 22 Mar 2019 1am

El Juez Ares condenó a una madre por pegarle a su hijo con el palo de escoba

El magistrado emitió el novedoso fallo en un juicio oral por lesiones agravadas por el vínculo. Rechazó la aplicación del principio de insignificancia postulado por la defensa. Condena a prisión en suspenso y reglas de conducta.

 

El Juez José Luis Ares determinó en parte de su sentencia que "no quiero decir que ante lesiones mínimas o levísimas no se pueda aplicar el principio de insignificancia, pero en el presente caso debo señalar que las lesiones no fueron de tan escasa entidad dado que se trataron de hematomas en diversas partes del cuerpo (hombro, antebrazo y zona lumbar), fueron producidas mediante el uso de un arma impropia (palo de escoba) y la víctima, el propio hijo de la procesada, tenía 12 años de edad".

FALLO COMPLETO

 

Expte. 259/17. “Corbalán, Griselda Elizabet por lesiones leves calificadas”.
Nro. de orden:
Libro de Sentencias nro. 21.

//hía Blanca, 12 de marzo de 2019.-

AUTOS Y VISTOS:
Los de la presente causa nro. 259/17, orden interno 3468 (IPP 02-00-019350-14) por el delito de lesiones leves calificadas seguida a GRISELDA ELIZABET CORBALÁN, DNI 25577887, nacida en la localidad de General Viamonte, Los Toldos, Pcia. de Bs. As. el 6 de enero de 1977, instruida, separada, empleada municipal, domiciliada en calle Adela Leuman y Laprida s/n de la localidad de Bordenave, hija de Luis Alfredo Corbalán y de Marta Esther Ramallo, para dictar veredicto.
RESULTA:
PRIMERO: El señor Agente Fiscal, doctor Marcelo Romero Jardín acusó a la imputada como autora responsable del delito de lesiones leves calificadas en los términos de los arts. 89 en relación al 92 y al 80 inc. 1 del Código Penal.
Entendió que no existían eximentes. Computó como atenuantes la carencia de antecedentes penales, el buen concepto de la procesada, la confesión prestada en el debate, el arrepentimiento de la acusada y la buena relación actual con la víctima. Valoró como agravantes la futilidad del motivo de la desmedida reacción.
Solicitó se le imponga a la procesada la pena de siete meses de prisión en suspenso, y las reglas básicas por el plazo de dos años, con más las costas del proceso.
SEGUNDO: Por su parte, el señor Defensor Oficial, doctor Germán Kiefl postuló la absolución de su asistida, señalando su desborde emocional, que no hubo afectación del bien jurídico, resultó a todas luces insignificante no habiendo afectado la salud de la víctima, y el aparato punitivo no puede avanzar, dado que los conflictos ya fueron solucionados.
Y CONSIDERANDO:
PRIMERO: Entiendo que se encuentra probado en esta causa, y esa es mi convicción sincera, que el 28 de octubre de 2014, en horas de la mañana en el domicilio sito en calle Adela Neuman y Laprida s/n de la localidad de Bordenave, a G (NdR: identidad con la cual denominaremos al menor) , nacido el 23 de setiembre de 2002, se le propinaron golpes con un palo de escoba en la espalda, hombro y brazo, habiéndole ocasionado hematoma en hombro derecho de aproximadamente cuatro centímetros de diámetro, otros más pequeños en antebrazo homolateral y en fosa lumbar izquierda hematoma de aproximadamente seis centímetros de largo, lesiones éstas de carácter leve.
Ello se acredita mediante informes médicos de fs. 3 y 49, copia del certificado de nacimiento de fs. 81, y las declaraciones testimoniales y la deposición de la imputada recibidas en el juicio oral a las que me referiré en el próximo considerando.
De esta manera entiendo que se encuentra acreditada la existencia del hecho en su exteriorización y esa es mi sincera convicción (arts. 209, 210, 366, 371 inc. 1, 373, y 376 del Código Procesal Penal).
SEGUNDO: En cuanto a la autoría responsable de la imputada en el hecho expuesto en el considerando anterior, entiendo que se encuentra debidamente acreditada como lo fundaré a continuación.
En primer lugar es necesario invocar como prueba de cargo lo manifestado por la procesada en el debate en la que admitió haber golpeado a su hijo en la ocasión de referencia.
Dijo Griselda Corbalán al inicio de la audiencia de vista de causa, sollozando, que tiene cuatro hijos menores que viven con ella, de cinco, ocho, diez y dieciséis años (este último, la víctima de autos). Que estuvo casada y se separó; G vivía con ella y con el padre de sus hijos más chicos a la época del hecho que se juzga. Dijo que hace quince años trabaja en la municipalidad en su localidad. Que su hijo más chico tenía una enfermedad por la que había que controlarlo permanentemente para ver si respiraba porque se ahogaba; estuvo internado varios meses.
Manifestó no saber qué pasó; ama a G y él también a ella. Se hace cargo de lo que hizo; reconoce haberle pegado con un palo de escoba a su hijo. Que éste se fue con su papá y tiempo después volvió solo a vivir con ella; el hecho no se repitió ni se va a repetir. Que ella hizo un tratamiento psicológico con Hernán Villarruel de Bordenave; es director del área y se atendió con este profesional durante dos años. Que ahora hizo pareja de nuevo y está todo bien; su hijo no quiere que a ella le pase nada; el jovencito estudia, pasó de año y juega a la pelota. Dijo que ama a sus hijos, son su sostén.
Ante nuevas preguntas relató la imputada que a la época del hecho y por la enfermedad de su hijo menor dormía no más de dos horas por noche; hoy día el niño está bien, no le quedó secuela alguna. Dijo que el padre de G le pasa alimentos y ella mantiene la casa con su trabajo. Que el psicólogo Villarruel atendió a G después de que le diera el alta a ella. A preguntas del señor defensor expresó que le diría a su hijo que lo ama y jamás lo lastimará; jamás lo haría de nuevo; fue por el desborde que sufría por la situación de su hijo más chico.
Al concedérsele la última palabra al finalizar el debate, la acusada pidió que su hijo (presente en la sala) la perdone y que no va a volver a pasar.
Luego prestó declaración testimonial en el debate G, actualmente de 16 años, quien dijo que no recordaba bien, tuvieron un conflicto y su madre lo golpeó con un palo de escoba. Que fue a la escuela, no recuerda si allí mostró las lesiones, fue una doctora a verlo a la escuela y le contó a su padre. Más adelante dijo creer que un compañero vio marcas en su cuerpo y ahí empezó todo.
Dijo no recordar por qué había sido el conflicto. Que se llevaba mal con su padrastro, él no lo aceptaba; a veces, cuando no estaba su mamá, su padrastro lo maltrataba físicamente. Ante nuevas preguntas dijo que su hermano más chiquito tenía convulsiones, se ahogaba.
Agregó que volvió a vivir con su familia y se llevan mejor, con sus hermanos está todo bien. Que su mamá hizo un tratamiento con un psicólogo; él también lo hizo después de ella. Que su vieja cambió un montón desde que sucedió el hecho que motiva este juicio; ahora charlan, toman mate, comparten cosas.
Finalmente prestó declaración en la vista de causa, la señora María Alejandra Vasallo, directora de la escuela a la que concurría el menor víctima. Dijo que una de las docentes le comentó que le vio a G un golpe en el hombro; y al preguntarle al niño éste le dijo que había sido jugando, cree que al rugby. Que otra docente le dijo que le había tocado el hombro y le dolía. Que después G quiso hablar con su papá por teléfono y lo hizo. Después el padre llamó a la escuela y le dijo que el niño había sido golpeado por su madre. Que llamó a G le preguntó, le reconoció que había sido golpeado por su madre y cree que fue porque no había limpiado algo.
Siguió relatando la testigo Vasallo que procedió conforme lo establecido en la legislación vigente; llamó a una médica y después formuló la denuncia en la comisaría. Preguntada al respecto manifestó saber que el hermano más chiquito de la víctima tenía problemas respiratorios y estuvo internado. Señaló finalmente que tuvo como alumnas a dos hermanas de G y no manifestaron ningún problema.
Entiendo que mediante la admisión de la imputada de haberle pegado a su hijo y lo manifestado por éste en el mismo sentido, se encuentra acreditada plenamente la autoría responsable de la acusada en el hecho que se le atribuyera, lo que también se encuentra corroborado por los dichos de la directora de la escuela a la que asistía el niño. Las lesiones fueron constatadas al otro día del hecho, resultaban recientes y se correspondía con el empleo de un elemento contundente como es un palo de escoba, como coincidentemente señalaran la acusada y la víctima. La médica que produjo el certificado de fs. 3 dejó constancia que los directivos del establecimiento educativo requirieron su asistencia.
El señor defensor sostuvo que por el serio problema de salud del hijo menor de la procesada, ésta padecía un desgaste, un agobio psicológico, un desborde emocional que la llevó a cometer acciones irreflexivas. Señaló que no hubo otros incidentes y que los protagonistas lo solucionaron. Sostuvo que no se afectó el vínculo familiar; que deben darse los principios de lesividad, proporcionalidad y humanidad, y en el caso no hubo afectación al bien jurídico. Afirmó que se trataron de lesiones leves, no se afectó la salud de la víctima, e invocó el principio de insignificancia sosteniendo que la construcción de la causa judicial es irracional, no tiene relevancia social, el aparato punitivo no puede avanzar porque el conflicto fue solucionado. Resulta excesivo aplicar una pena a la imputada, quien es empleada municipal, y la sanción también la afectará social y civilmente.
Entiendo que la posición defensista no es de recibo no obstante reconocer el meritorio esfuerzo del doctor Kiefl en el cumplimiento de su ministerio. Podría llegar a coincidir en cuanto a que el sistema penal podría haber dado otra respuesta a este caso, pero lo cierto es que llegados a esta instancia, en la decisiva y central etapa del juicio oral, no corresponde disponer la absolución de la encausada.
Contrariamente a lo alegado por la defensa, creo que en este caso la intervención de distintos organismos estatales ha ayudado a impedir la repetición de hechos tan lamentables como el que me ocupa, y han contribuido decisivamente a la solución del conflicto y a la recomposición de la relación materno-filial.
Digo ello por cuanto en el informe producido por una trabajadora social del municipio de Puán (fs. 27/29, incorporado por lectura) se consignó que una vez realizada la denuncia y constatadas las lesiones por un médico local, el menor tenía temor de que su mamá se enterara que había comentado lo sucedido en su casa y lo volviera a golpear. Por eso, se dispuso una medida de abrigo, y dado que el padre del niño no residía en la localidad, con intervención del Juzgado de Familia se lo llevó a la casa de un familiar en la ciudad de Pigüé. Se señala también en el informe que desde el Servicio Local se le sugirió a la señora Corbalán la realización de un tratamiento psicológico.
Según lo relatado por la imputada y por la víctima en el debate, ese tratamiento respecto a ambos ha tenido efectos beneficiosos y ha contribuido a mejorar la relación, al punto que ambos conviven actualmente en armonía según señalaron, lo cual deberá tomarse como pauta minorante de la punibilidad.
En cuanto a la alegación del principio de insignificancia entiendo que no resulta de aplicación al caso.
Se ha entendido que “El principio de insignificancia representa un criterio de índole interpretativa, restrictivo de la tipicidad de la conducta, partiendo de la consideración del bien jurídico -conceptualizado sobre la base de los principios de lesividad social y fragmentariedad- y en la medida de su lesión o puesta en peligro concreto” (Enrique García Vitor, la insignificancia en el Derecho Penal, Ed. Hammurabi, Bs. As., 2000, pág. 40).
Nuestra casación provincial ha resuelto que no procede la aplicación del principio de bagatela, si tanto el enrojecimiento de la piel (eritema) como la hinchazón (edema), observados en la víctima a raíz del cachetazo propinado constituyen la mínima expresión de una contusión o, lo que es igual, de un daño en el cuerpo encuadrable en el art. 89 del Código Penal (TCP de la Pcia. de Bs. As., Sala III, “Vidal”, sent. del 12/10/00; en igual sentido, dándole entidad suficiente al enrojecimiento de la piel: C. Nac. Crim. y Corr., Sala 5ª, “Lobo”, sent. del 6/02/06).
No quiero decir con lo expuesto que ante lesiones mínimas o levísimas no se pueda aplicar el principio de insignificancia, pero en el presente caso debo señalar que las lesiones no fueron de tan escasa entidad dado que se trataron de hematomas en diversas partes del cuerpo (hombro, antebrazo y zona lumbar), fueron producidas mediante el uso de un arma impropia (palo de escoba) y la víctima, el propio hijo de la procesada, tenía 12 años de edad.
Por todo ello es mi convicción sincera que se encuentra acreditada -fuera de toda duda razonable- la autoría responsable de la procesada en el hecho que se le atribuyera (arts. 209, 210, 371 inc. 2, 373 y 376 del Código Procesal Penal).
TERCERO: Entiendo que no concurren eximentes, y esa es mi convicción (arts. 209, 210, 366, 371 inc. 3, 373 y 376 del Código Procesal Penal).
CUARTO: Entiendo que concurren como atenuantes la carencia de antecedentes penales de la procesada (fs. 85 y 97), el buen concepto informado (fs. 70), su admisión de haber cometido el hecho expuesto en el debate, su arrepentimiento sincero, y la conciliación entre los protagonistas, habiéndose superado el conflicto (art. 86 inc. 3 del CPP).
Esa es mi sincera convicción (arts. 40 y 41 del Código Penal, 209, 210, 366, 371 inc. 4, 373, y 376 del Código Procesal Penal).
QUINTO: Entiendo que no corresponde computar agravantes pues la futilidad del motivo de la agresión de la procesada, invocado por el señor Agente Fiscal, no se ha acreditado en legal forma dado que solo fue señalado, sin demasiada certeza ni precisión, por la señora Vasallo, y el menor víctima dijo no recordar el origen del conflicto y la imputada nada expresó al respecto, señalando que dormía poco y fue un desborde por el delicado estado de salud de su hijo menor.
Asimismo, es necesario destacar que el señor Agente Fiscal no valoró otras circunstancias agravantes, fuera de la mencionada, y en consecuencia me encuentro impedido de individualizar alguna, no sólo porque asumiría funciones acusatorias en desmedro de mi imparcialidad como juzgador en transgresión al principio constitucional acusatorio o adversarial, sino que me lo prohíbe expresamente la ley procesal (art. 371 del rito).
Esa es mi convicción sincera (arts. 40 y 41 del Código Penal, 209, 210, 366, 371 inc. 5, 373, y 376 del Código Procesal Penal).


VEREDICTO CONDENATORIO

Por todo lo expuesto en los considerandos que anteceden y lo normado por los arts. 371, 376, 380 y concordantes del Código Procesal Penal, RESUELVO:
1) Que se encuentra acreditado que el 28 de octubre de 2014, en horas de la mañana en el domicilio sito en calle Adela Neuman y Laprida s/n de la localidad de Bordenave, a G, nacido el 23 de setiembre de 2002, se le propinaron golpes con un palo de escoba en la espalda, hombro y brazo, habiéndole ocasionado hematoma en hombro derecho de aproximadamente cuatro centímetros de diámetro, otros más pequeños en antebrazo homolateral y en fosa lumbar izquierda hematoma de aproximadamente seis centímetros de largo, lesiones éstas de carácter leve.
2) Que se encuentra demostrada la autoría responsable de la causante Corbalán en el hecho expuesto precedentemente.
3) Que no concurren eximentes.
4) Que concurren como atenuantes la carencia de antecedentes penales de la procesada, el buen concepto informado, su admisión de haber cometido el hecho expuesto en el debate, su arrepentimiento sincero, y la conciliación entre los protagonistas, habiéndose superado el conflicto.
5) Que no concurren agravantes.
HÁGASE SABER.-

 

 

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