Mar10272020

ActualizadoMar, 27 Oct 2020 12am

Lectura de Domingo: "El Senado y los atropellos a la República" por Carlos Baeza

Aunque pareciera recurrente, debo una vez más acudir a Ambrose Bierce quien como viéramos en una anterior nota, define al Senado como un “cuerpo de ancianos que cumple altas funciones y fechorías”...

 

...Y ello viene a cuento de la última sesión del Senado nacional en la que se trató el proyecto de reforma judicial y en la cual fue posible observar la degradación del sistema republicano en su más alta expresión.

Hace mucho tiempo que el Congreso, en una virtual autofujimorización, se ha convertido en un mero ejecutor de las políticas del Ejecutivo abdicando de las potestades exclusivas que la Constitución Nacional le confiere, mediante la utilización indiscriminada de delegaciones legislativas así como del dictado de DNU más allá de los límites que para ambas medidas impone la Ley Fundamental. Pero lo sucedido en la referida sesión del Senado ha desnudado una realidad ya inocultable en cuanto a quién y cómo se llevan adelante las políticas públicas.

1° El Senado -que deriva del latín senatus (de Senex, anciano)- se remonta a los concejos de ancianos de las primitivas organizaciones tribales los cuales, dadas las facultades de las que gozaban exigía a sus integrantes cierta madurez y experiencia; pero importando especialmente la solvencia moral y la idoneidad intelectual (Bielsa) Como decía Sarmiento: “Todas las naciones tienen y tuvieron, desde los comienzos de la institución del gobierno, un cuerpo de ancianos para el manejo de los negocios públicos” poniendo como ejemplos a Roma, Venecia e Inglaterra. Y agregaba que “Cuando vuelvo los ojos a mis compañeros, tengo el sentimiento de ver muy raras canas en el Senado: la juventud ha entrado en este cuerpo” y se preguntaba: “¿dónde están los ancianos de la República Argentina? ¡No tenemos viejos que sobrevivan a nuestros pasados desastres, que ocupen el lugar que las leyes y la Constitución les habían dado aquí!”. Y el mismo autor sostenía que la creación del Senado representa una garantía contra el espíritu de facción así como en cuanto a las tentativas de usurpación del poder, al requerirse la concurrencia de dos cuerpos distintos; pero afirma que la mayor ventaja está dada por la capacidad y práctica en los negocios públicos con que cuentan sus miembros, corrigiendo los defectos de precipitación y falta de conocimiento de los diputados; siendo que igualmente representa un freno contra los extravíos de la opinión pública así como contra las influencias gubernamentales.

Precisamente nuestra Constitución exige a los senadores una edad superior a la de los diputados, basada en la experiencia que es dable esperar para el ejercicio de funciones relevantes como son juzgar en juicio político a los acusados por la Cámara de Diputados; autorizar al PE a declarar el estado de sitio en caso de ataque exterior; prestar acuerdo al PE para designar jueces de la CSJ y tribunales inferiores; embajadores y cónsules y oficiales superiores de las FF.AA, así como la iniciativa de proyectos de leyes sobre coparticipación impositiva y políticas diferenciadas para el desarrollo provincial (arts.59; 61; 75 inc. 2 y 19; y 99 inc. 4, 7 y 13 CN)

2° En lo que hace al funcionamiento del cuerpo, cabe recordar que conforme al texto constitucional, la vicepresidente tiene asignadas dos funciones de distinta naturaleza: por una parte, una principal cual es la de presidir el Senado con voz y sin voto -excepto en caso de empate- (art. 57) por lo cual en nuestro esquema institucional, dicho funcionario forma parte del Poder Legislativo y no del Ejecutivo, ya que éste es unipersonal y la propia Constitución confiere ese poder a “un ciudadano con el título de ‘Presidente de la Nación’” (art. 87). Y por otra, le compete igualmente una atribución de carácter transitorio y ocasional en cuanto su calidad de primer reemplazante del Ejecutivo, a quien debe suceder en los casos de acefalia transitoria (enfermedad o viaje al exterior) reemplazándolo hasta tanto cesen las causas que la originaron, o cuando por motivos de acefalia permanente (muerte, renuncia, destitución o inhabilidad del presidente) deba completar el periodo de gobierno faltante (art.88). Siendo así, el art. 186 del Reglamento de la Cámara de Senadores dispone que el presidente, “en su puesto, llamará la atención con la campanilla y, presentes los senadores en el número prescripto en el artículo 16, proclamará: ’la sesión está abierta’”; en tanto el art. 33 establece que “El presidente no discute ni opina sobre el asunto que se delibera. Sólo vota en caso de empate”. Por tanto, y como sostiene el dicho popular, la función del vicepresidente es “tocar la campanilla”, limitándose a dirigir la sesión, mantener el orden y conceder la palabra. Nada más. No dialogar. No intervenir en debates. No hacer “chicanas”. No poner “caritas”. No emitir opinión alguna. Solo “tocar la campanilla”.

3° No obstante y como en todo su accionar público, la vicepresidente no respeta el límite de sus atribuciones y respondiendo a su ADN autoritario pretende manejar al Senado como “patrón de estancia”. Así, por ejemplo, cuando frente a una cuestión reglamentaria el senador Lousteau hizo un reclamo, CFK le respondió: “Yo he sido minoría en este recinto. He soportado cualquier cosa de ustedes, desde insultos, autorizar allanamientos etc. Es increíble que no puedan aceptar que son minoría y que aquí y en cualquier parlamento nos manejamos con la votación” ¿Y el art. 33 del Reglamento? Igualmente pudo verse en la sesión que comentamos que no obstante haberse discutido y aprobado en comisión un proyecto en torno a la reforma judicial, en forma repentina y sin conocimiento de la oposición, se introdujeron numerosas modificaciones sin debate alguno lo que motivara que una vez más el senador Lousteau planteara una cuestión de privilegio dada la flagrante violación del reglamento. Ante ello, una vez más CFK lo descalificó manifestando que ello no importaba porque la oposición igualmente iba a votar en contra, esto es, que la propia presidente del cuerpo volvió a violar el art. 33 del Reglamento ya citado que le impide discutir y opinar sobre un asunto en debate.

Algo similar le ocurrió a la senadora Elías de Pérez cuando a raíz de una cuestión reglamentaria, CFK sostuvo que era ella y no los senadores a quien correspondía interpretar el Reglamento del Senado; en tanto en otra ocasión, cuando la misma legisladora se dirigió a ella como “presidente”, la titular del cuerpo le respondió diciendo “senador”. Y el propio senador Mayans -kirchnerista consumado- también osó decirle “presidente” lo que motivara que CKF lo corrigiera pidiéndole que la llamara “presidenta”; y ante la aclaración de Mayans explicando que “presidente no tiene sexo”, CFK lo reprendió diciendo: “No, no, eso lo dicen los machistas”. En otra sesión en la que se discutía la conformación de una comisión bicameral para lo cual se exigen dos tercios, el oficialismo no los tuvo no obstante lo cual se votó igual y frente al reclamo del senador Naidenoff, CFK dio por concluido el debate apagando los micrófonos, acción que en otras ocasiones también utilizara. Asimismo -y sin agotar el repertorio de procederes antirreglamentarios y autoritarios- en una sesión en la cual el jefe de gabinete había concurrido para dar las explicaciones que la Constitución le impone una vez por mes ante cada cámara, al concluir ellas y frente a nuevas preguntas, el resto de los senadores oficialistas pretendiendo suplir al jefe de gabinete comenzaron a dar respuestas, lo que motivara que la senadora Rodríguez Machado reclamara por el incumplimiento reglamentario que ello representaba, frente a lo cual CFK sostuvo que “Lo único que faltaría es que un senador quisiera imponerle a otro lo que tiene que decir”. Y ni qué hablar cuando en la sesión en que se discutía la reforma judicial, se vio a CFK pasando lista -tarea que no le compete- solo para bastardear al senador Bullrich (por su intervención en una sesión anterior donde vía zoom durante un intervalo apareció una imagen fija del nombrado) reiterando su apellido en varias ocasiones, cual maestra de primaria pasando lista a su alumnado.

5° Pero en esta última sesión el golpe de gracia llegaría con la intervención del inefable mayordomo Parrilli a quien la propia presidente del Senado calificara ofensivamente como (“continuación del cuero cabelludo formada por una fibra de queratina y constituido por una raíz y un tallo” + “todo” en portugués). El proyecto de reforma judicial había sido estudiado y aprobado en comisión, no obstante lo cual al momento de votarlo, se advirtió que se habían incluido numerosas modificaciones que ni siquiera se habían informado a los senadores de la oposición. Entre ellas, el art. 72 inc. e) que impone a los jueces “comunicar en forma inmediata al Consejo de la Magistratura de la Nación cualquier intento de influencia en sus decisiones por parte de poderes políticos, económicos, miembros del Poder Judicial, Ejecutivo o Legislativo, amistades o grupos de presión de cualquier índole, y solicitar las medidas necesarias para su resguardo”. Ese era el texto aprobado en comisión pero el pícaro de Parrilli hizo agregar -entre quienes podían influir en las decisiones judiciales- a los poderes “mediáticos”. Y ante el lógico cuestionamiento violatorio del reglamento, el referido senador demostró una vez más su calaña al decir: “Para evitar sacar estos fantasmas y porque el objetivo se cumplió, se tragaron no solamente el anzuelo. Se tragaron el anzuelo, la línea, la caña, se tragaron todo. Pero la discusión está y la discusión se hizo y ese era el objetivo”, tras lo cual quitó del texto la expresión “mediáticos”. Es decir: que a Parrilli no le interesaba incluir a los “poderes mediáticos” pues como también lo expresara, ellos ya estaban contemplados en los “grupos de presión” y solo se trató de una maniobra para embaucar a la oposición, la cual “se tragó” todo siendo que el objetivo era lograr la discusión, lo cual resulta contradictorio ya que dicho debate había tenido lugar precisamente en el seno de las comisiones. Quizá, todo el tema de la reforma judicial no sea más que una pantalla que trata de encubrir otras cuestiones, pues como lo reconociera la propia vicepresidente “Sinceramente creo que el país todavía se debe una verdadera reforma judicial que no es la que vamos a debatir”

Nadie pretende que en un sistema presidencialista, el parlamento sea el poder superior a los otros -al decir de Locke- para quien “mientras el gobierno subsista, el poder supremo será el legislativo, pues aquél que dicta leyes a otro debe ser necesariamente superior a este” y cuyos inmensos poderes no tienen límites siendo que “lo único que no pueden hacer es de una mujer un hombre o viceversa”. Pero tampoco el Congreso, y especialmente el Senado, puede estar dando un ejemplo de tamaña falta de respeto a las instituciones republicanas. Y pensar que cuando Tocqueville compara ambas salas se preguntaba: “¿Por qué la flor y nata de la nación se encuentra en esta sala más bien que en la otra? ¿Por qué la primera asamblea reúne tantos elementos vulgares, cuando la segunda parece tener el monopolio de los talentos y de la inteligencia?” Es indudable que el citado autor no pudo llegar a conocer nuestro Senado el cual no se distingue precisamente por monopolizar los talentos ni la inteligencia, atributos que tampoco cabe encontrar en la vicepresidente, en su fiel mayordomo y en la mayoría de los integrantes del cuerpo.

Laurence J. Peter, autor del libro sobre el principio que lleva su nombre, ejemplificó el mismo con el caso de una eficiente enfermera que en su primera noche y ascendida en el cargo, despertó en plena madrugada a un paciente para que tomara su pastilla para el insomnio. De allí que “El principio de Peter” sostiene que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Salvando las distancias, algo de eso puede estar ocurriendo en el ¿Honorable? Senado nacional.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar