mié. 12 de agosto de 2026
Bahía Blanca:

Los faros todavía guían a los barcos: por qué siguen siendo claves en la era del GPS

Facebook
X
LinkedIn
WhatsApp
Email

Aunque la navegación moderna utiliza satélites, radares y cartas electrónicas, estas estructuras continúan funcionando como referencias físicas para marcar costas, peligros, canales y accesos. En Argentina existen numerosos faros que combinan historia, patrimonio y seguridad marítima.

En tiempos en los que un sistema GPS puede indicar con precisión la ubicación de una embarcación, los faros continúan encendiendo sus luces frente a las costas de todo el mundo.

La tecnología transformó por completo la navegación marítima, pero no hizo desaparecer estas estructuras. En la actualidad, los faros forman parte de un sistema integrado de ayudas a la navegación que incluye balizas, boyas, radares, cartas náuticas y posicionamiento satelital.

El 7 de agosto se conmemora el Día Mundial de los Faros, una fecha que permite volver la mirada hacia estas construcciones que durante siglos fueron fundamentales para quienes navegaban y que todavía cumplen una función concreta en materia de seguridad.

La fecha tiene su origen en Estados Unidos. El 7 de agosto de 1789 se aprobó una ley federal destinada a sostener faros, balizas, boyas y muelles públicos. Dos siglos después, en 1989, el Congreso estadounidense estableció oficialmente esa jornada como el “National Lighthouse Day”.

Del fuego a la tecnología LED

La historia de los faros está estrechamente relacionada con el desarrollo del comercio marítimo. En la Antigüedad, las primeras señales para orientar a los navegantes eran simplemente fuegos encendidos en lugares elevados.

Uno de los ejemplos más antiguos que todavía permanece en funcionamiento es la Torre de Hércules, ubicada en La Coruña, España. Construida durante el período romano, es considerada por la UNESCO el único faro romano completamente conservado que continúa siendo utilizado para la señalización marítima.

Durante siglos, el principal desafío fue conseguir una fuente luminosa que pudiera ser observada desde grandes distancias.

Uno de los grandes avances llegó en el siglo XIX con la lente de Fresnel, que permitió concentrar la luz y aumentar considerablemente su alcance. Con el tiempo llegaron la electricidad, los sistemas de rotación y, finalmente, la automatización.

Actualmente, muchos faros funcionan con LED, paneles solares y sistemas de monitoreo remoto, lo que redujo notablemente la necesidad de contar con personal permanente.

Una referencia que el GPS no reemplazó

La importancia actual de un faro no está únicamente en su luz. La propia estructura constituye una referencia física visible, tanto durante el día como durante la noche.

Además, cada señal luminosa puede contar con una secuencia característica que permite identificarla y determinar la posición de una embarcación.

Por eso, los faros continúan formando parte de un sistema de seguridad mucho más amplio. Conviven con las herramientas digitales y electrónicas, pero ofrecen una referencia independiente que permite corroborar la información obtenida mediante otros sistemas.

La navegación moderna, en definitiva, no reemplazó a los faros: los incorporó a una red tecnológica mucho más compleja.

Los faros argentinos

Argentina cuenta con una extensa costa marítima y numerosas estructuras destinadas a facilitar la navegación.

El Servicio de Hidrografía Naval mantiene diferentes sistemas de ayudas a la navegación, entre ellos cartas náuticas, radioayudas, avisos a los navegantes, balizamiento y la Lista de Faros y Señales Marítimas.

Uno de los más emblemáticos es el Faro Año Nuevo, ubicado en la isla Observatorio, en Tierra del Fuego. Su luz comenzó a funcionar en 1902 y reemplazó al Faro de San Juan de Salvamento, conocido mundialmente como el Faro del Fin del Mundo.

Su ubicación estratégica estuvo relacionada con la navegación por el Atlántico Sur y el apoyo a expediciones que se dirigían hacia la Antártida.

Cerca de Bahía Blanca se encuentra el Faro Recalada está en Monte Hermoso, a 3 km del centro. Mide 67 metros de alto. Es el faro de estructura abierta más alto de Sudamérica. Se inauguró el 1 de enero de 1906. Fue hecho con piezas de Francia. Hoy no se puede subir por dentro, pero se puede ver desde afuera y sacar fotos.

Otro de los faros históricos es el Faro Río Negro, situado en la desembocadura del río homónimo. Su luz funciona desde 1887 y cuenta con una óptica cuyo alcance nominal llega a las 32 millas náuticas.

Mucho más que una postal

La figura del farero también forma parte de la historia de estas construcciones. Durante décadas, hombres y familias vivieron en lugares aislados y fueron responsables de mantener encendidas las luces, controlar los mecanismos y realizar tareas de mantenimiento.

La automatización redujo considerablemente esa actividad. Sin embargo, algunos faros todavía conservan personal dedicado a su cuidado.

El aislamiento continúa representando un desafío. En instalaciones ubicadas sobre islas, rocas o sectores alejados de las ciudades, cualquier reparación requiere organizar el traslado de personas, herramientas, repuestos y combustible, muchas veces dependiendo de las condiciones meteorológicas.

Los faros dejaron de ser la principal herramienta de orientación para los navegantes, pero siguen siendo una señal concreta y reconocible frente al mar.

En una época dominada por satélites y sistemas digitales, sus luces recuerdan que la navegación segura todavía necesita referencias físicas capaces de marcar, noche tras noche, dónde termina la tierra, dónde comienza el peligro y por dónde continúa el camino.

También le puede interesar...