Un informe del Ministerio de Ambiente bonaerense y el CONICET advirtió sobre el deterioro de las playas de la provincia. En Monte Hermoso y Pehuen-Có ya se registra una pérdida de entre 50 centímetros y un metro de costa por año. El relevamiento analizó 800 kilómetros del litoral y detectó que el 66% presenta un nivel alto de degradación.
La erosión costera representa una amenaza concreta para las localidades turísticas del sudoeste bonaerense. El retroceso de las playas no responde únicamente al avance del mar, sino también a la urbanización, la destrucción de los médanos, las obras de defensa y la presión de la actividad turística.
El diagnóstico fue elaborado por el Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires junto con el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET). Para realizarlo, relevaron 104 puntos estratégicos entre Magdalena y Coronel Rosales.
Los resultados muestran que apenas el 14% de los sectores estudiados presenta buenas condiciones de conservación. En contraste, el 66% registra una degradación geomorfológica alta y el 20% restante presenta un deterioro intermedio.
Monte Hermoso y Pehuen-Có, entre las localidades afectadas
El informe identifica a Monte Hermoso y Pehuen-Có entre las localidades donde la erosión ya provoca una pérdida sostenida de territorio. En ambos casos, el retroceso anual de la costa se ubica entre los 50 centímetros y un metro.
En Pehuen-Có, el relevamiento advierte sobre playas urbanas que tienen menos de 50 metros de ancho. La erosión afecta los médanos y genera escarpas y derrumbes que comprometen caminos y calles cercanas a la costa.
Para contener el avance del mar durante las tormentas, en algunos sectores se utilizaron grandes bolsones de arena colocados en la base de los médanos.
La situación también pone en alerta a Monte Hermoso, donde el retroceso de la línea costera representa un desafío para la conservación de las playas y la infraestructura turística.
Cuánto podría retroceder la costa bonaerense
Las proyecciones incluidas en el estudio advierten que el problema podría agravarse durante las próximas décadas.
Para 2045, el retroceso promedio de la línea de costa se estima entre 17,8 y 19,6 metros. Hacia 2100, las estimaciones ubican esa pérdida entre 47,4 y 69,7 metros, según los distintos escenarios climáticos.
El aumento del nivel del mar, las sudestadas y las precipitaciones intensas aparecen entre los factores que pueden acelerar el proceso. También se prevé un incremento de las temperaturas y de la frecuencia de las olas de calor.
Las intervenciones humanas también aceleran el problema
El diagnóstico advierte que el cambio climático no es la única causa de la erosión. La actividad humana también modifica el comportamiento natural de las playas.
Entre los principales factores aparecen la construcción sobre los médanos, la urbanización de la primera línea costera y las obras rígidas de defensa, como espigones y escolleras.
Estas estructuras pueden proteger determinados sectores, pero también interrumpen el movimiento natural de la arena y trasladan el problema hacia otras playas.
El informe señala que el 86% de las defensas costeras relevadas son estructuras rígidas. De ese total, el 58% corresponde a espigones y escolleras y el 28% a enrocados.
Frente a este escenario, el Ministerio de Ambiente propone avanzar con un esquema de Manejo Costero Integrado. Entre las medidas recomendadas figuran recuperar los médanos con vegetación nativa, limitar el tránsito de vehículos sobre las playas y promover balnearios desmontables y de bajo impacto.
El estudio plantea la necesidad de coordinar políticas entre los municipios para proteger el litoral bonaerense y evitar que las intervenciones destinadas a contener la erosión terminen agravando el deterioro de otros sectores.
Mar Chiquita, Quequén y Miramar también enfrentan un fuerte retroceso
El problema se extiende a distintos puntos del litoral bonaerense. En Mar Chiquita, especialmente en Camet Norte y Santa Clara del Mar, el informe registra retrocesos de hasta 94 metros en los últimos 20 años. La erosión afecta acantilados y sectores de playa, mientras que las defensas rígidas y los espigones modificaron el movimiento natural de los sedimentos.
En Quequén, particularmente en Bahía de los Vientos, la prolongación de la escollera sur del puerto alteró el transporte de arena. Esto provocó un desequilibrio: mientras algunos sectores acumulan sedimentos, otros pierden progresivamente superficie de playa. También se registran daños en la avenida costanera y riesgos para viviendas construidas sobre los acantilados.
Miramar presenta otra problemática. Allí, los acantilados formados por materiales blandos sufren el impacto permanente del oleaje, que provoca desprendimientos y amenaza construcciones cercanas.
En el Partido de La Costa, localidades como Santa Teresita, Las Toninas y Mar de Ajó también aparecen entre los sectores vulnerables. La urbanización sobre los médanos, la eliminación de dunas y los desagües pluviales que descargan directamente sobre las playas profundizan el deterioro.
El relevamiento también incluye a Mar del Plata, donde la ocupación urbana de la franja costera alcanza prácticamente la totalidad del frente marítimo. La conservación de algunas playas depende de trabajos periódicos de incorporación. (Infocielo)








