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“La mitad de los chicos llega a tercer grado sin entender lo que lee, pero todos van a saber que pueden cambiar de sexo”

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Así lo expresa la periodista, Claudia Peiró al dar a conocer detalles de la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en la Provincia de Buenos Aires. “La increíble lista de libros propuestos a niños desde los 4 años en las escuelas bonaerenses”

El Gobierno de la provincia de Buenos Aires declaró a la ESI “política de Estado” y creó una Dirección ad hoc. El 4 de mayo hubo una jornada entera dedicada a esta temática para los Institutos de Formación docente. La lectoescritura puede esperar

Hace un par de semanas se relanzó la Campaña Nacional por la Alfabetización, una iniciativa encabezada por Argentinos por la Educación y otras 180 asociaciones, además de muchas personalidades.

El reclamo es que los chicos sepan leer y escribir y que entiendan lo que leen al llegar a 3er grado. Un pedido que expone la dimensión de la crisis de la educación. En Argentina, tradicionalmente, se aprendía a leer y escribir en 1er grado. Por lo tanto, que hoy haya que pedirles a los gobernantes que los chicos lleguen alfabetizados a 3er grado es la constatación del fracaso de la escuela argentina.

Hay muchas razones y muchas responsabilidades. Del abandono de los métodos tradicionalmente probados y su suplantación por la psicogénesis -el niño construye su propio saber- a la degradación de la autoridad docente -disciplinaria y pedagógica, porque prácticamente no hay sanciones y porque los directivos revisan y modifican las calificaciones de los maestros-, pasando por el constante adelgazamiento de contenidos y la sustitución de materias troncales por contenidos que deberían ser accesorios y con frecuencia esconden posturas ideológicas, como el ambientalismo, la memoria y, sobre todo, la ESI, estrella del momento.

El 16 de abril pasado, la provincia de Buenos Aires dedicó una jornada entera a la ESI en todas las escuelas. Durante todo un día se suspendió la enseñanza de lengua, matemática, ciencias sociales y naturales, etc., para que todos los docentes, todos, dieran contenidos de ESI, la nueva religión progre.

En Quilmes, el 27 de abril pasado, Cristina Kirchner cuestionó el ausentismo docente y dijo que, cuando ella fue a la escuela, tenía clase todos los días. Pero mientras la referente política del sector que gobierna la provincia se quejaba de los días perdidos, la Dirección General de Escuelas dedicaba todo un día a un tema que no es materia troncal en absoluto. Que no debe serlo.

Por si no bastara, y en medio del reclamo social de que la escuela alfabetice en tiempo y forma, Alberto Sileoni, el responsable de la educación bonaerense, decidió que todos los docentes de los Profesorados de Primaria (magisterio), Inicial (preescolar), Educación Física y Educación Especial -es decir, formadores de futuros docentes-, participaran de una jornada completa de capacitación en ESI, el pasado sábado 4 de mayo.

Docentes de todas las materias tienen que dictar educación sexual. Insólito. La mitad de los chicos llega a tercer grado sin entender lo que lee, pero todos van a saber que pueden cambiar de sexo. Porque bajo el título Educación Sexual Integral lo que se dicta es ideología de género.

La gestión Sileoni creó además la Dirección de Educación Sexual Integral (DESI), mientras que no existe nada equivalente para Matemáticas, ni Lengua. Nada de eso es tan importante como la educación sexual. A ese grado de deformación están llevando a la escuela: el abandono de la transmisión de conocimiento, del saber acumulado por las generaciones anteriores, para dedicar tiempo a la bajada de línea, al adoctrinamiento.

Efectivamente, además del tiempo desproporcionado dedicado al tema, está la cuestión del contenido, que con frecuencia es inapropiado a las edades a las que está destinado, y siempre sesgado.

En un video que envió para la jornada del sábado pasado, Alberto Sileoni dijo que la ley lo habilita a dar ESI y a transmitir conocimiento científicamente validado en la materia: “Siempre decimos que preferimos la ley, nos manejamos con la ley [y] eso nos da mucho ánimo”. Luego agrega un argumento muy usado para descalificar otras opiniones y presentar las propias como verdades indiscutibles: “Las escuelas no pueden ser gobernadas por creencias o percepciones”. Traducción: las creencias y percepciones ajenas no cuentan, solo valen las de ellos y todo el mundo las debe aceptar.

La pregunta que cabe -tanto para el gobierno bonaerense como para los legisladores que votaron la Ley de Identidad de Género en 2012- es por qué una escuela, que no debe ser gobernada por percepciones, tiene que aceptar sin más trámite la “autopercepción” de género de un niño de 7 o de un adolescente de 12 que de pronto dice ser del sexo opuesto.

Contra lo que dice el funcionario, el “conocimiento” que transmiten vía ESI no está científicamente validado. Es doctrina queer, negación de la biología, negación del binarismo sexual, obsesión con las minorías sexuales (que de minorías pasan a ser hegemónicas en el enfoque de la temática sexual), etcétera.

La DESI creada por el gobierno bonaerense ha producido una ingente cantidad de materiales -todos en neolengua inclusiva (otra impostura que no está validada por ninguna academia)- entre los cuales hay una lista de 21 libros -la mitad de ellos destinados a los alumnos, y el resto a la formación docente- cuyo contenido no deja lugar a dudas sobre el enfoque queer (ideología de género) que se le está dando a esta temática. La Dirección General de Cultura y Educación repartirá más de un millón de ejemplares a todas las escuelas primarias y secundarias de la provincia.

Lo curioso del listado de libros para la ESI es que aparece rotulado así: “MATERIAL DE USO INTERNO DE LA DESI – NO DIVULGAR”

Es raro que un texto destinado a difundir los objetivos de esta política de Estado sea secreto para el público. En especial, que se lo oculte a las familias de los niños destinatarios de esta enseñanza que, según Sileoni, está respaldada por la ley. ¿Mala conciencia? En todo caso, al pie de esta nota se encuentra el documento completo. La bibliografía destinada a los niños no tiene por qué ser “secreta”.

El texto ofrece “herramientas pedagógicas” para abordar “temáticas de relevancia” y “contenidos ineludibles”, que deben ser abordados “tanto con las y los estudiantes, como así también entre las y los docentes”. Los libros han sido seleccionados con la intención de “formar lectoras y lectores críticos, atentas y atentos a la perspectiva de derechos, la equidad de género, el respeto por la diversidad, la afectividad y la pedagogía del cuidado”, definidos como los 5 ejes de la ESI.

El primer título propuesto es “Rey y Rey” para “estudiantes de inicial y primaria (Primer ciclo)”, es decir niños de 4 a 7 años. El libro “relata las peripecias de un príncipe apremiado por su familia a elegir esposa”, pero que “ve pasar decenas de princesas y ninguna le convence hasta que aparece una con su hermano”, y entonces el príncipe “se enamora del joven, siendo correspondido”. Un texto que permite “mostrar las diversas configuraciones familiares a partir de un cuento de amor”.

Luego viene “Otra Caperucita Roja”, texto feminista y deconstructor para niños de primaria. “Garantizar la equidad de género – Cuidar el cuerpo y la salud” son los objetivos de ESI que cumple este libro. “En esta nueva versión del clásico cuento se puede trabajar el rechazo al androcentrismo y al patriarcado como modelos de sociedad”, explican. Además, “se reflexiona sobre el esquema repetitivo de los cuentos infantiles en el cual las protagonistas son mujeres a las que se les instaura el temor y que siempre hay un hombre que las salva…” Me pregunto si Hansel y Gretel tienen esa categoría o si los sufrimientos de Pinocho son también andocentrismo…

Le sigue -no podía faltar- “El mar y yo”, la historia de una niña que está atravesando una transición de género”. Dice el documento que “este cuento [es] una invitación a bucear en la libertad de las infancias y a imaginar posibilidades infinitas” y “a través de sus páginas, se abordan temas como la identidad de género”, etc. ¿Destinatarios?: niños de inicial y primaria.

El siguiente texto, “Heartstopper 1. Dos Chicos juntos”, es para estudiantes de secundaria. Su temática: “Las distintas formas de ser joven según los contextos y las experiencias de vida. Construcción de identidad y proyecto de vida. (…) El relato despliega una historia de amor entre dos jóvenes [que] permite trabajar la diversidad, la singularidad de cada persona; (…) y la superación de prejuicios y actitudes discriminatorias”.

Como no bastaba con lo anterior, otro texto para secundaria es “NICK Y CHARLIE. Una novela de Heartstopper”, continuidad de la anterior, una historia que “profundiza en los sentimientos, las dudas y los desafíos que enfrentan Nick y Charlie”, y a través de ella “se transversalizan varios temas como Derechos Humanos y Libertad Individual: todas las personas tienen derecho a ser felices, independientemente de su orientación sexual”. “La homosexualidad no debería ser motivo de discriminación o exclusión”, dicen, cuando hace mucho tiempo que no lo es en nuestro país.

Viene luego “Crianzas. Historias para crecer en toda la diversidad”. “Este libro -aseguran- abarca en forma contundente los cinco ejes de la ESI”. Consiste en “una carta de una tía (mujer trans de un barrio popular) a sus sobrinas y sobrinos”.

“Clara y el hombre de la ventana” es para estudiantes de primaria. Habla del “vínculo entre una niña y un hombre que vive recluido en su casa, rodeado de libros y con la lectura como única ligazón con el mundo externo”. El contacto entre ambos permitirá a la niña “crecer en libertad” y al hombre “mostrar su verdadera identidad sexual”.

Otro de los libros sugeridos, “El hombrecito y el perro”, permite trabajar, “diferentes temáticas de ESI, como ser la discriminación y malos tratos entre pares por aspectos vinculados a la apariencia física, la valoración del propio cuerpo y de las demás personas, las relaciones de amistad y los celos”.

A esta altura cabe preguntarse ¿qué tiene que ver eso con la educación sexual? Los valores de respeto y no discriminación se inculcan en la escuela desde siempre. Y en la mayoría de las familias. ¿Desde cuándo hizo falta la educación sexual para enseñarle a un chico a respetar a los demás?

En realidad, lo que se busca es como dice el texto, “interrogarse sobre los roles de género” y “nuevas formas de masculinidad y femineidad”. O sea, deconstrucción, más mentira sobre el patriarcado y la eterna discriminación de la mujer que en nuestro país ya es historia. Y el ataque a la masculinidad que, como sabemos, es tóxica. Se sustituyen unos prejuicios por otros, unos preconceptos por otros: los hombres son violadores en potencia, las mujeres víctimas eternas, el género nada tiene que ver con el sexo biológico, etc.

Hay un par de textos más destinados a hablar de la diversidad de los cuerpos, o de la aceptación de lo diverso, pero curiosamente en la temática de la educación sexual no entran las relaciones heterosexuales, no hay concepción, ni gestación, ni nacimientos. No se habla de los aparatos reproductivos masculino y femenino. ¿Eso no es conocimiento científicamente validado? ¿Son percepciones?

En cuanto a la lista de textos teóricos para la formación docente, queda todo claro desde el primer título: “TRANS-formando la ESI. Por una Educación Sexual Integral para todes”.

Este texto para docentes de secundaria y superior apunta a “garantizar la equidad de género”, entre otras cosas. Pero ¿acaso la equidad de género no está ya garantizada en este país? ¿Conocimiento científicamente validado es mentirles a los niños (y niñas) diciéndoles que en Argentina no hay equidad de género? ¿Qué pruebas sustentan esta tesis? ¿Qué leyes, normas o instituciones consagran la superioridad del varón sobre la mujer en nuestro país? Ninguna. Es subjetividad pura o, para decirlo en palabras de Sileoni, son creencias y percepciones. Ideología.

Las autoras “nos presentan en este libro el camino de deconstrucción que inician desde ellas mismas, la necesidad de aprender, cuestionarse, para luego poder enfrentar a las instituciones y a la sociedad, explicando y enseñando de qué se habla cuando se habla de niñeces trans”, explica el documento.

Sobre este tema sí existe un conocimiento científicamente validado: el del Informe Cass al que ya me referí y que muestra que se ha estado usando bloqueadores de pubertad y hormonas en menores de edad de modo experimental y que esos tratamientos tienen graves efectos secundarios y causan daños irreversibles. De eso en la ESI no se habla.

Sería interesante que los padres de los chicos que recibirán estas clases hagan uso de su derecho a la información e interpelen a las autoridades educativas -no sólo bonaerenses porque esto de la ESI es contagioso- y les envíen preguntas sobre el fundamento científico del contenido propuesto, sobre la selección de autores en los que apoyan sus “percepciones” -todos deconstructivistas-; qué especialistas (médicos, biólogos y psicólogos los han asesorado; por qué las clases y los materiales de ESI no hablan de concepción, gestación y nacimiento (de hecho, si quieren ofrecer conocimiento científicamente validado, hay muy buenos videos de la gestación en el vientre materno, por ejemplo; o eso está vedado? ¿o no es ciencia?), etcétera, etcétera. Y finalmente: ¿por qué la lista de textos propuestos para alumnos y maestros es “de uso interno” y no debe ser divulgado? Las autoridades tienen la obligación de brindar información al público, a cualquier ciudadano que lo solicite.

Volviendo a la lista de Sileoni, otros títulos para los docentes son “¡Pido gancho! Género y nuevas masculinidades en la clase de educación física”; “Educación Sexual Integral con perspectiva de género. La lupa de la ESI en el aula”; “Educación Física: rupturas y avances. Propuestas para implementar la ESI”; “Diversidad y Género en la Escuela”; “La ESI en la Práctica. Trayectos y escenarios posibles. Docentes que ponen el cuerpo” (¿?); “Vaivenes de la Ternura. ESI en el Nivel Inicial. Distancias y cercanías entre familias y escuelas” y, no podía faltar: “Lenguaje Inclusivo y ESI en las aulas”.

Luego vienen materiales pedagógico-didácticos. ”Infancias Libres” propone “actividades para educación en géneros”, como el desarrollo de diversos talleres “afirmando que la construcción de los géneros nos atraviesa a todas y todos”.

“Identidades. Niñez, adolescencia e identidad de género” es un libro-juego, en el que “se trabaja la libertad de autopercibirse, proporcionando imágenes de cuerpos diversos” o se propone “una página en blanco con el contorno de una silueta, invitando a cada persona a dibujarse a sí misma y construir su propia identidad desde su mirada”.

En concreto, los autores de esta lista adhieren a la idea de que nacemos sin identidad sexual, nacemos neutros, y nos van construyendo o nos construimos a nosotros mismos según nuestra percepción. La teoría que llevó a John Money -autor del concepto de que “el sexo se asigna al nacer”- a desarrollar su fallido y siniestro experimento con gemelos (pueden leer la historia aquí).

“¡Menstruación, aquí estamos! Derechos sexuales y discapacidad” es una “guía de sensibilización” sobre “derechos sexuales y educación menstrual a niñes, adolescentes y jóvenes”, que a la vez “da a conocer cómo transitan estos temas las mujeres y disidencias con discapacidad”.

Pero la palma se la lleva “Geografía y Educación Sexual Integral. Aportes para la enseñanza de los espacios contemporáneos”. Difícil tomarlo en serio. “A partir de una geografía renovada con un rol más activo, crítico, que integra la noción de conflicto, la ESI encuentra un lugar de relevancia, pero sabiendo que no basta solo con eso, sino que es necesario superar los planteos cisheteronormativos y binarios brindando explicaciones a partir de marcos teóricos que reflexionen sobre los procesos socio espaciales desde la teoría de género, de la interseccionalidad y la decolonialidad”. No falta nada.

En la presentación del libro se preguntan “qué tiene que ver la geografía con la sexualidad”. La respuesta de sentido común es: nada. Este texto poco tiene que ver con la geografía: es sólo una excusa para difundir los conceptos más caprichosos e infundados del feminismo ultra: “ecofeminismo”, porque ya sabemos que el que contamina es el varón; el “ambientalismo feminista” y la “ecología política feminista”, o sea otras maneras de macanear con lo mismo; aborda temas como “la creciente feminización de las migraciones” y “la pobreza en Argentina desde la perspectiva de género” porque también sabemos que todo afecta más a las mujeres: la pandemia, el cambio climático, la pobreza… Si las cifras no lo confirman se las retuerce.

Se habla también de “la división sexual del trabajo” (la explotación ya no es capitalista sino sexual). El derecho a la ciudad feminista es otra temática de esta nueva geografía, muy científica como se ve. En la página 89, se pide a los alumnos que reaccionen ante dos imágenes: una que dice “el capitalismo también depende del trabajo doméstico” y otra “eso que llaman amor es trabajo no pago”. Esta última es particularmente llamativa. Si quedaba algo por demoler de la heterosexualidad me parece que va por acá.

Ahora bien, como se trata de geografía, hay mapas. No de accidentes geográficos o de límites, sino de mujeres migrantes y del paro internacional de mujeres… El mapa permite estudiar qué continentes convocan al paro y cuáles no y por qué. Apuesto a que los primeros son los continentes en los que la mujer es libre y goza de los mismos derechos que el varón.

¿Este es el conocimiento científicamente validado del que habla Sileoni? (INFOBAE)

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