El reconocido periodista y relator de boxeo evocó la trayectoria del histórico púgil bahiense, sus grandes peleas internacionales, las derrotas que lo marcaron y el amor de su familia. Además, propuso que la ciudad le rinda un homenaje permanente por su aporte al deporte.
La muerte de Carlos María Giménez, a los 77 años, dejó una profunda huella en el deporte de Bahía Blanca. Para reconstruir la trayectoria del histórico boxeador, el periodista y referente del pugilismo Osvaldo Príncipi compartió un emotivo repaso de su carrera, con anécdotas personales, recuerdos de sus grandes combates y una reflexión sobre el reconocimiento que merecen las figuras que hicieron historia en la ciudad.
Príncipi, que conoció a Giménez desde 1974, destacó que su trayectoria trascendió los límites locales y contribuyó a consolidar el prestigio del boxeo bahiense en el ámbito nacional e internacional. En ese sentido, recordó la época en la que Jiménez compartía protagonismo con otros destacados púgiles de la ciudad, como Gianni García, Oscar “Cachín” Méndez y su hermano Juan José Giménez, conocido deportivamente como Hugo Freix.
“Carlos luchó mucho por alcanzar lo que tuvo”, señaló Príncipi al reconstruir una carrera que llevó al boxeador a competir en escenarios internacionales, con presentaciones en Sudáfrica, Australia y distintos países de América.
Las grandes noches y las peleas que hicieron historia
Uno de los capítulos centrales de la trayectoria de Giménez fueron sus enfrentamientos con el colombiano Antonio Cervantes, conocido como Kid Pambelé, campeón mundial y una de las figuras más importantes del boxeo de su época.
Príncipi recordó especialmente la revancha disputada en Maracaibo, Venezuela, en 1977, en la que Giménez estuvo cerca de conseguir un resultado histórico. Según relató, el bahiense parecía encaminarse hacia una victoria cuando un corte en la ceja obligó a detener el combate.
El periodista también evocó el clima de aquellas peleas internacionales, atravesadas por rivalidades deportivas y un fuerte sentimiento de pertenencia nacional. En ese contexto, Giménez representaba a una generación de boxeadores que llevaban el nombre de Bahía Blanca a los grandes escenarios del pugilismo.
Sin embargo, su carrera también tuvo noches difíciles. Príncipi recordó especialmente la derrota frente a Héctor “Yeye” Hernández, en 1977, cuando Giménez perdió el título argentino en el primer round, en el Luna Park.
Otra de las escenas que conservó en su memoria ocurrió durante el combate de retiro de Giménez frente a Tito Gianni. Después de una pelea durísima, que terminó con la derrota del bahiense por nocaut técnico, el boxeador llegó al vestuario, se quitó las vendas y las arrojó contra la pared. “Muchachos, no peleo nunca más”, recordó Príncipi que dijo Giménez.
El periodista contó que intentó convencerlo de que se quedara con las vendas, pero el púgil insistió en que no volvería a pelear. Finalmente, Príncipi se las llevó y todavía conserva en su casa un cuadro con aquellas vendas firmadas por el boxeador.
Una derrota que nunca pudo olvidar
Entre las anécdotas que compartió, Príncipi relató un episodio que expuso el costado más vulnerable del campeón: el impacto que tuvo en él una crítica periodística publicada después de su primera pelea contra Pambelé, en Bogotá.
La nota, aparecida en la revista El Gráfico, había sido escrita por Ernesto Cherquis Bialo y contenía fuertes cuestionamientos a la actuación de Giménez. Años después, durante una conversación en la que Príncipi y otros periodistas revisaron aquel episodio, el propio boxeador recordó cuánto lo había afectado.
“Estuve siete días sin poder salir a la calle, no por la derrota con Pambelé, sino por cómo me hizo quedar El Gráfico”, contó Príncipi que le había dicho Giménez.
Décadas más tarde, al volver sobre aquella publicación, Cherquis Bialo habría reconocido que la dureza de su crítica había sido excesiva. Para Príncipi, aquella historia reflejó cómo una actuación deportiva puede convertirse en una marca personal difícil de superar, incluso para alguien acostumbrado a la exigencia del alto rendimiento.
El periodista resumió esa experiencia como parte de la vida de cualquier profesional: hay noches de gloria y noches oscuras, pero algunas derrotas dejan heridas que perduran mucho más allá del resultado.
De una infancia humilde a convertirse en una figura del boxeo
Príncipi también rescató un documento del periodista Julio Ernesto Vida, fechado el 20 de mayo de 1972, que reconstruía los primeros pasos de Giménez en el deporte.
Según ese registro, el boxeador había disputado su primera pelea como aficionado en 1959, cuando tenía apenas 11 años y pesaba 47 kilos. El combate se realizó en Cabildo, localidad cercana a Bahía Blanca.
El documento también hacía referencia a las dificultades económicas y alimentarias que había atravesado durante su infancia, una realidad que condicionaba incluso su peso al momento de competir.
Aquellos comienzos contrastaban con la dimensión que alcanzaría su carrera. Giménez llegó a convertirse en una figura reconocida del boxeo argentino, disputó combates internacionales de enorme repercusión y fue uno de los representantes más destacados de una tradición pugilística que marcó la identidad deportiva bahiense.
El legado que va más allá de los cinturones
Pero, para Príncipi, el recuerdo de Jiménez no se explica solamente a través de sus títulos, sus peleas o sus actuaciones en el Luna Park. Una de las imágenes más significativas que conservó corresponde a un encuentro ocurrido en Bahía Blanca, durante un homenaje del consulado italiano al boxeador Nino Benvenuti.
Allí volvió a encontrarse con Giménez y pudo observar de cerca el cuidado y el cariño que le brindaba su familia. Su hija Natalia y los demás integrantes de su entorno acompañaban al exboxeador en una etapa de la vida marcada por el paso del tiempo.
“Fue la mejor semilla que un hombre puede tener en el mundo”, expresó Príncipi al referirse al amor de la familia.
Y agregó que, por encima de los cinturones, los videos, las fotografías y los autógrafos, lo verdaderamente importante era comprobar el vínculo que Jiménez había construido con sus seres queridos.
Para el periodista, ese acompañamiento fue una muestra del legado humano que dejó el deportista, especialmente durante la vejez, una etapa que puede resultar difícil para quienes dedicaron buena parte de su vida a la exigencia física y a la competencia.
El pedido de un homenaje en Bahía Blanca
En su recuerdo, Príncipi también dejó planteada una propuesta concreta para la ciudad. Consideró que la trayectoria de Giménez merece un reconocimiento permanente, a la altura de lo que significó para el deporte local.
“Creo que por ahí, en la zona del Salón de los Deportes, se podría poner una placa o un pasaje con el nombre de alguien que elevó altísimamente a toda Bahía”, sostuvo.
Al cerrar su recuerdo, el periodista volvió sobre la imagen que más lo había conmovido: la de un hombre rodeado por su familia, querido por quienes lo conocieron y respetado por una trayectoria construida a fuerza de esfuerzo, sacrificio y perseverancia.
Un legado que, como dejó en claro Príncipi, merece seguir presente en la memoria de la ciudad.








