En Lartigau, partido de Coronel Pringles, donde hoy viven apenas una veintena de personas, la historia todavía se mantiene viva. Ayer, sus calles volvieron a llenarse de vecinos, familias, antiguos habitantes y visitantes que llegaron para compartir un gran asado popular, con baile, música y, sobre todo, muchas ganas de sostener aquello que alguna vez convirtió al lugar en un verdadero punto de encuentro.
La celebración tuvo un objetivo concreto: reunir fondos para que las pocas instituciones que todavía permanecen en pie, entre ellas la escuela y el club, puedan continuar funcionando y conservar parte del brillo que supieron tener en los tiempos en que el tren llegaba y la vida de Lartigau giraba alrededor de la estación.

Como ocurrió con tantos otros pueblos del interior, el cierre y la privatización de los ferrocarriles durante la década del 90 significaron un golpe que cambió para siempre su realidad. El tren dejó de pasar, muchas familias se fueron y aquellas comunidades que alguna vez tuvieron movimiento, comercios, instituciones y encuentros cotidianos comenzaron lentamente a perder habitantes.
Pero Lartigau se resiste a perder su esencia.
Cada vez que existe una oportunidad, quienes nacieron allí, quienes alguna vez vivieron en el pueblo y aquellos que mantienen un vínculo familiar o histórico con el lugar vuelven a encontrarse. Y lo hacen de la mejor manera: alrededor de una mesa, con un buen asado, música y baile.
La jornada de ayer fue una muestra de ese espíritu. Una verdadera fiesta popular que permitió reunir a distintas generaciones y recuperar, aunque sea por unas horas, aquella sensación de pueblo lleno de vida que alguna vez acompañaba la llegada del ferrocarril.

Porque en estos pequeños pueblos, donde los números muchas veces parecen condenarlos al olvido, hay algo que no se mide en cantidad de habitantes: el sentido de pertenencia.
El tren se fue hace décadas. La población disminuyó y muchas cosas cambiaron. Pero mientras haya gente dispuesta a volver, colaborar, compartir un asado y trabajar para mantener abierta una escuela o activo un club, Lartigau seguirá teniendo vida.
Y quizás esa sea la mejor manera de enfrentar al olvido: volver a encontrarse, celebrar lo que queda y mantener encendida una historia que todavía tiene mucho para contar.








