vie. 19 de abril de 2024
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El recuerdo de Mario Sábato a 9 años de la muerte de Raúl Alfonsín

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No tuve la generosidad ni la grandeza que él tuvo, que pudo olvidarse de los millones de argentinos que le dieron la espalda.

 

Recuerdo, y todavía me sacude el alma, cuando iba a entrar en su casa, la misma que tuvo siempre, y un grupo de canallas lo esperaba para insultarlo. El bastón que usaba para poder caminar lo tuvo que enarbolar para abrirse paso. Lo hizo con la dignidad que siempre tuvo, esa que nunca podrían tener los que lo agredían.

Esos cobardes, que le gritaban a un viejo al que el cáncer ya lo carcomía, le debían su libertad, su derecho a opinar lo que quisieran, la posibilidad de manifestarse libremente.

En patota, escudándose entre ellos de su cobardía, lo escupieron y le gritaron atrocidades.

Fue uno de los días más tristes de mi vida. Estoy seguro de que para ese gallego tozudo y cabrón el disgusto no fue más que otros tantos que tuvo en su vida de luchador, y que merecía ser olvidado. Para mí no, y lamenté tanto no haber estado en la entrada de ese edificio de la Avenida Santa Fe para acompañarlo y darles las trompadas que él no podía darle a esos canallas.

Eran pocos, pero representaban a los millones que no se merecieron a ese Presidente digno, honesto y corajudo.

Fueron millones los que decían que los había defraudado, y que luego votaron a un payaso que les decía “síganme, no los voy a defraudar”. Así nos fue.

Sin ser radical, tuve el mayor honor de mi vida. Acompañarlo desde el primer día hasta el último de su mandato. Al final, cuando se sabía que nos esperaba el desierto, me afilié a su partido, solo para seguirlo en ese tránsito por la soledad y el desprecio.

Cuando murió, hace nueve años, no estuve entre la multitud que lo acompañó.

Reitero: no tenía la grandeza que a él le sobraba.

Quería ver por televisión aquel acontecimiento, ver cuántos se arrepentían de haberlo dejado tan solo. Ver los miles y miles de rostros que tan tarde, y solo cuando estaba muerto, se dieron cuenta de que estaban despidiendo al héroe que dio todo para devolvernos la democracia, la libertad, la justicia.

Y tampoco quería despedirme.

Raúl Alfonsín sigue siendo mi Presidente.

Mario Sabato

 

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