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En lo que va del año asesinaron a más policías bonaerenses que en todo 2017

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Suman nueve, dos más que en todo el año pasado; anoche fue detenido uno de los presuntos homicidas de Lourdes Espíndola, la oficial baleada el sábado en Ituzaingó; buscan a dos sospechosos más

 

La cifra, impactante, refleja una situación dramática: en lo que va del año ya fueron asesinados más policías bonaerenses que en todo 2017. Los homicidios de las oficiales Tamara Ramírez y Lourdes Espíndola, ocurridos el sábado con muy pocas horas de diferencia uno de otro, llevaron a nueve la cuenta de uniformados caídos en los primeros siete meses. En igual período del año pasado habían sido cuatro, menos de la mitad que ahora. En todo el año fueron siete.

De mantenerse la proyección, se podrían alcanzar e incluso superar las estadísticas de 2009 y 2010, que, con 15 y 13 crímenes, respectivamente, son de los más cruentos para la fuerza en la última década. Según un conteo propio de LA NACION, desde enero de 2016 hasta la fecha, 27 policías bonaerenses cayeron en actos de servicio o en intervenciones ante delitos (contra ellos o contra terceros) cuando estaban de franco.

El peligro que corren los uniformados en la vía pública, tanto cuando están efectivamente en funciones como cuando están de civiles, puso en las últimas horas a la fuerza en estado deliberativo. Tanto que por las redes sociales comenzó a circular una convocatoria a una concentración en el Obelisco, el 18 de agosto próximo, bajo el lema #NiUnPolicíaMenos.

Mientras en Berazategui todo estaba presto para comenzar a velar los restos de Lourdes Espíndola -que será despedida con honores y fue ascendida post mortem dos rangos, hasta el de subteniente-, colegas de la víctima detuvieron en Ituzaingó a uno de los presuntos autores materiales del homicidio de la oficial.

Fuentes policiales confirmaron a LA NACION que el sospechosos fue identificado como Jorge Pablo, de 37 años. Cayó al cabo de una investigación que se apoyó en declaraciones de testigos y el análisis de cámaras de seguridad. Los voceros precisaron que el detenido tiene un antecedente de noviembre de 2017 en una causa por portación ilegal de arma de guerra radicada en la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº 1 de Ituzaingó.

Calificadas fuentes de la investigación confiaron a LA NACION que anoche procuraban dar con otros dos hombres, aproximadamente de la misma edad que el aprehendido, que habrían estado en el auto -se cree que era un Renault Clio- desde el cual se bajó quien le disparó a matar a la oficial Espíndola cuando esperaba el colectivo para emprender el regreso a su casa en Berazategui , el sábado, a las 18.45, luego de terminar su servicio de policía adicional en el peaje Ituzaingó del Acceso Oeste.

Testigos en la noche

Los voceros dijeron que fueron vitales para la detención las declaraciones de tres personas que estaban en la caseta de colectivos de Quintana y la colectora de la autopista cuando le dispararon a Espíndola.

Esos testigos precisaron que habían visto, bajo la insistente lluvia que se abatía sobre la zona, que un auto giró imprudentemente en U y se detuvo frente a ellos. Del coche, dijeron, se bajó un sujeto que les gritó que se tiraran al suelo. Acto seguido, le disparó a la oficial, que todavía vestía su uniforme de servicio. El tiro alcanzó a Espíndola justo por encima del chaleco antibalas, entre la clavícula izquierda y la tráquea, y le cercenó la carótida. El asesino se llevó el arma reglamentaria y el trío huyó en el auto tan rápido como había aparecido, dejando sembrada la muerte.

La policía realizó rastrillajes entre Ituzaingó y Merlo -sin omitir zonas de asentamientos aledañas al Camino de la Ribera- para atrapar a los otros dos sospechosos del crimen.

Tras recibir el disparo en el cuello, Lourdes alcanzó a enviarle a su pareja, Fernando Altamirano, un mensaje de WhatsApp breve y estremecedor: “Me dieron un tiro, me muero, me muero”, dijo, casi en un susurro que presagiaba el final que terminó de escribirse ayer a la tarde, cuando cirujanos especializados del Incucai y de Cucaiba culminaron el procedimiento de ablación de órganos con fines de trasplante y, luego, los forenses certificaron, tras la autopsia, el deceso de Espíndola. (La Nacion)

 

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