mié. 21 de febrero de 2024
Bahía Blanca:
El tiempo - Tutiempo.net
Lectura de Domingo:

“El sistema bipartidista en Argentina” por Carlos Baeza

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email

En la Argentina de la anomia, el art. 31 de la ley 26.591 dispone que la campaña electoral para las P.A.S.O debe comenzar 50 días antes de esa fecha, por lo cual conforme al cronograma electoral fijado la referida campaña recién comenzará el 24 de junio, no obstante lo cual como todos pueden apreciar en los medios, la misma ya se ha iniciado con bombos y platillos.

Y así las consultoras y encuestadoras vienen arengando con la teoría de “los tres tercios” según la cual, los votos se dividirán entre el Frente de Todos; Juntos por el Cambio y la Libertad Avanza. No se trata de nada novedoso pues en todas las elecciones desde que se vota en el país siempre ha habido varios partidos -a veces solo sellos de goma- entre los que encolumnar un primero, un segundo y un tercero.

El tema es que no se sabe cuál será el orden entre los 3 espacios ya citados; la cantidad de votos que obtendrán y especialmente en lo que hace a la elección presidencial, quienes competirán en un seguro ballotage en el que solo competirán los dos primeros. Por otra parte, las diferencias numéricas entre unos y otros pueden apreciarse en las recientes elecciones de gobernadores en 3 provincias. Así, en Río Negro, el primero obtuvo 42,43%; el segundo 23,86% y el tercero el 10, 54%. A su turno, en Tierra del Fuego los porcentajes fueron del 52,95%; 10,19% y 7,38%, respectivamente. Finalmente, en La Rioja dichos guarismos fueron 50,63%; 31,89%; y 15,56.

Es decir, que salvo la aparición de algún “cisne negro”, el “tercer partido” de manera alguna desdibuja la tradición bipartidista de nuestro régimen electoral, cualesquiera sean las especulaciones en esta oportunidad. Por ello, y ante la relevancia de los próximos comicios de este año y el papel que en los mismos desempeñarán los distintos espacios políticos, es conveniente analizar el comportamiento de los mismos a través de nuestra historia electoral a fin de fijar algunas pautas que permitan entender su estructura.

1° Ante todo es menester tener presente el distingo entre partidos hegemónicos y dominantes. Los primeros se comportan, en la práctica, como en un sistema de partido único, ya que si bien existen otras expresiones partidarias, aquel es el único que cuenta con la posibilidad de acceder al poder en forma permanente, al impedir la competencia de la oposición. Por el contrario, un partido ejerce un rol dominante cuando encontrándose en igualdad de condiciones con las restantes fuerzas políticas que gozan de similares garantías de acceso, en forma competitiva y en base a las reglas de sucesión previamente acordadas, se impone a través de comicios regulares y libres, ejerciendo el poder por más de dos periodos consecutivos.

Finalmente, se habla de alternancia cuando entre los partidos dominantes se produce un movimiento pendular que permite rotar el ejercicio del poder entre ellos a intervalos regulares y en un marco de libertad comicial, la cual puede referirse, en primer término, a la facultad del elector de ver reconocida su capacidad como tal; por ejemplo, por su inscripción en el padrón; en segundo lugar, a poder ejercer efectivamente su derecho al sufragio, sin impedimentos externos y sin que su voto sea fragmentado en cuerpos electorales que anulen la idea de soberanía popular; además, a poder determinar la orientación de su voto, sin ningún tipo de presión; y por último, a que su boleta no sea computada en forma fraudulenta, aun cuando no corresponda a los deseos de quienes detentan el poder (Hermet Guy y otros: “¿Para qué sirven las elecciones?”

2° Dada la época de su sanción, es lógico que los Padres Fundadores no incluyeran en el texto constitucional sancionado en 1853 a los partidos políticos, no obstante lo cual, su reconocimiento estuvo asegurado como derecho implícito emergente del derecho de asociación con fines útiles (arts. 14 y 33) y como tal fue objeto de regulación legislativa hasta su definitiva recepción en la Ley Fundamental (art. 38) como una cláusula confirmatoria elevada al rango constitucional por obra de la reforma de 1994. Siendo así, es posible concluir en que nuestro país se ha caracterizado por un sistema bipartidista, con partidos dominantes que en ocasiones exhiben aspiraciones hegemónicas y sin que, en general, la rotación o alternancia entre los mismos haya obedecido al libre funcionamiento pendular a través de comicios, sino merced a golpes de estado.

De tal forma es posible observar que en nuestro pasado político y en el periodo de la organización nacional, el gobierno estuvo en manos de fuerzas hegemónicas de tendencia conservadora, con escasa participación popular, a través de regímenes electorales que sólo aseguraban a ellas la totalidad de los cargos en disputa, siendo el voto público, calificado y voluntario. Más allá de estas expresiones de origen conservador, es importante destacar el surgimiento del Partido Socialista a fines del siglo XIX, quien merced al sistema de circunscripciones uninominales de efímera vigencia, lograra instalar a Alfredo Palacios como el primer diputado de esa extracción en toda América.

3° Posteriormente y a partir del desarrollo de los partidos nacionales, en paralelo con la sanción de la ley Sáenz Peña que consagró el voto universal, secreto y obligatorio, es posible observar que el ciclo radical que incorpora al grueso de la clase media, se prolonga a través de tres mandatos consecutivos, bajo las presidencias de Hipólito Yrigoyen (1916-1922), Marcelo T. de Alvear (1922-1928) y nuevamente Hipólito Yrigoyen (1928 hasta el golpe militar del 6 de septiembre de 1930). Luego de un interregno de fuerzas conservadoras, ellas son también depuestas por otro golpe ocurrido el 4 de junio de 1943 del cual surge el partido peronista el que permitió a su turno el ingreso de la clase trabajadora, triunfando en su primera aparición como fuerza política y consagrando a Juan Domingo Perón (1945-1951) quien merced a la reforma constitucional de 1949 logra la inmediata reelección en 1951 hasta 1955 cuando es derrocado por el golpe producido ese año.

Ya con el peronismo proscripto, retorna al poder el radicalismo en dos frustrados periodos: mediante la UCRI asume Arturo Frondizi en 1958 siendo derrocado en 1962; en tanto que la otra vertiente radical -Unión Cívica Radical del Pueblo- consagra a Arturo Umberto Illia en 1963 quien debiera dejar el cargo a raíz del golpe de 1966. Una vez más el peronismo vuelve al ejercicio del poder en 1973 en el curso de las dos elecciones realizadas en el mismo periodo: en mayo asume la presidencia Héctor Cámpora quien junto al vicepresidente renuncian pocos días después, posibilitando que merced a nuevos comicios, triunfe por tercera vez en la historia Juan Domingo Perón, a quien tras su fallecimiento en julio de 1974, sucediera su esposa, la vicepresidente María Estela Martínez de Perón hasta su derrocamiento en 1976.

En consecuencia, en un periodo de 60 años (1916-1976) el radicalismo estuvo en el poder 21 de ellos, a través de 2 presidencias completas y 3 frustradas por golpes de Estado; mientras que el peronismo, en los 30 años contados desde su aparición como tal (1946-1976) lo hizo durante 13 años mediante 1 presidencia completa, 1 cuyo titular renunciara y 2 que no alcanzaron el fin de sus mandatos por la acción de gobiernos usurpadores.

4° Al reiniciarse el ciclo democrático luego del último golpe de Estado de 1976, el radicalismo accede al poder en dos ocasiones, si bien ambas concluidas antes de su vencimiento. Primero, Raúl Alfonsín quien asumiera el 10 de diciembre de 1983 renuncia en julio de 1989, en tanto que igual suerte corre Fernando de la Rúa que llegado al poder el 10 de diciembre de 1999 debe abdicar al cargo en diciembre de 2001.

En cuanto al peronismo gobierna inicialmente a través de Carlos Saúl Menem en dos periodos consecutivos, merced a la reforma constitucional de 1994: el primero entre julio de 1989 y julio de 1995 y el segundo entre esta última fecha y diciembre de 1999. Finalmente, y luego del corto interregno del radical de la Rúa, asume Néstor Kirchner entre mayo de 2003 y diciembre de 2007, siendo sucedido por su cónyuge Cristina Fernández entre diciembre de 2007 y diciembre de 2011, quien fuera reelecta para un nuevo mandato entre diciembre de 2011 y diciembre de 2015. Finalmente en 2015 asume la presidencia Mauricio Macri hasta el 10 de diciembre de 2019 cuando nuevamente triunfa el peronismo bajo la presidencia de Alberto Fernández hasta igual fecha de 2023.

Se advierte así que en este segundo periodo de 47 años, el radicalismo ejerció el poder por espacio de casi 8 años en dos presidencias incompletas por renuncias, en tanto que el peronismo lo hizo durante 26 años mediante 6 presidencias completas. En síntesis: mientras el radicalismo desde su primer gobierno hasta la fecha (107 años) ejerció el poder durante casi 29 años, el peronismo a partir de su debut electoral y hasta hoy (78 años) fue responsable de 39 de ellos.

5° Todo lo expuesto revela la característica bipartidista de nuestro régimen y en el cual los gobiernos peronistas de 1945 y 1973, así como los radicales de 1958, 1963 y 1983, no recibieron los atributos del mando de sus legítimos antecesores sino de gobiernos usurpadores. De allí que la transmisión del mando entre ambas fuerzas en el año 1989 significo un acontecimiento de alternancia que no se daba en la república desde hacía 73 años, cuando Victorino de la Plaza completando el mandato del fallecido presidente Roque Sáenz Peña traspasara la primera magistratura a Hipólito Yrigoyen.

Del mismo análisis resulta que en el periodo que va desde la organización hasta el golpe de 1930, sólo dos candidatos ejercieron la presidencia en sendos periodos alternados, tal como lo exigía el texto constitucional de 1853: Julio Argentino Roca (1880-1886 y 1898-1904) e Hipólito Yrigoyen (1916-1922 y 1928-1930), lapso en que únicamente el radicalismo presentó una tendencia dominante al gobernar tres periodos consecutivos (las dos presidencias de Yrigoyen en el medio de las cuales ejerció el poder Marcelo Torcuato de Alvear).

Por su parte, desde 1930 hasta 1999, solamente el peronismo se perfiló como un partido dominante, al obtener -merced a la reforma constitucional de 1949- dos presidencias consecutivas de Juan Domingo Perón (1946-1952 y 1952-1955), situación igualada por las dos presidencias seguidas -esta vez gracias a la enmienda de 1994- de Carlos S. Menem (1989-1995 y 1995-1999).

Finalmente a partir de 2003, nuevamente el peronismo se ha revelado como un partido dominante, al ejercer el poder en tres mandatos consecutivos a través de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011 y 2011-2015).

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

300x250 profertil