lun. 26 de febrero de 2024
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Lectura de Domingo: “Los ‘truchos’ nuestros de cada día” por Carlos Baeza

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Que el sistema político argentino no se caracteriza por su transparencia no es una novedad y la experiencia nacional en la materia no deja lugar a dudas, tal como ocurre -por ejemplo- con las candidaturas testimoniales.

 

Es así que la aparición de Scioli en la Cámara de Diputados para poder alcanzar el quórum que el oficialismo necesitaba para votar la modificación al régimen jubilatorio de jueces y diplomáticos, fue cuestionada frente a su designación como embajador ante el gobierno de Brasil, lo que llevó a sostener que se trataba de un caso más de “diputruchos”, trayendo a la memoria colectiva el caso de una persona que usurpando una banca sin ser diputado, alcanzó a votar una importante ley.

1° El 26 de marzo de 1992 se votaba en la Cámara de Diputados de la Nación la privatización de Gas del Estado y frente al retiro del recinto de los integrantes de la oposición, el oficialismo necesitaba contar con 130 votos para lograr el quórum, número que finalmente se alcanzó con lo cual el proyecto quedó aprobado. Sin embargo, un periodista advirtió que en una banca estaba sentada una persona que no pertenecía al cuerpo lo cual originó una persecución hasta lograr interceptar al sujeto que se había dado a la fuga. El nombrado se llamaba Juan Abraham Kenan y era asesor del diputado Julio Manuel Samid, hermano del célebre “Rey de la carne” y frente a la requisitoria en torno a su presencia en ese lugar confesó que no era diputado y que lo habían sentado en esa banca porque se hallaba descompuesto, lo que no evitó que fuera procesado y condenado a unos pocos meses de prisión en suspenso. Pero lo curioso del caso es que, aparte de Kenan, quien desde entonces entró en la historia parlamentaria como “el diputrucho”, hubo otras cinco personas en su misma condición, todos colaboradores de legisladores justicialistas que si bien alcanzaron a escapar, luego se conocieron sus orígenes. Así, uno era empleado de Felipe Solá; otro del riojano Carlos Romero; un tercero del mendocino Nicolás Becerra; otro del porteño Eduardo Varela Cid y el último del fueguino Carlos Manfredotti.

° Otro episodio “trucho” pero que no tuvo tanta repercusión fue el que protagonizaran dos funcionarios kirchneristas cuando debía votarse en la Cámara de Diputados el memorándum de entendimiento con Irán por el atentado a la AMIA. En esa ocasión, tampoco el gobierno contaba con los votos necesarios para aprobar el proyecto por lo cual recurrió a un deleznable procedimiento como lo fue el de hacer renunciar a dos funcionarios a sus cargos provinciales; sentarse a votar en la cámara y luego renunciar a esos escaños y volver a sus provincias para retomar sus anteriores tareas. Los involucrados en esta “truchada” fueron la tucumana Beatriz Mirkin y el chubutense Carlos Eliceche. La primera se desempeñaba como ministra de Desarrollo Social en tanto el segundo lo hacía como ministro coordinador; luego ambos se presentaron como candidatos a diputados por sus respectivas provincias y obtuvieron sendas bancas; pero dado que en los dos casos se trataba de “candidaturas testimoniales” solicitaron licencia y retornaron a sus anteriores conchabos locales. Como la Cámara de Diputados no trató las licencias las que quedaron en suspenso, cuando llegó el momento de votar la ley en cuestión los dos “renunciaron” a sus puestos provinciales y reasumieron sus bancas y tras la votación, presentaron su dimisión a las mismas y retornando a sus provincias fueron nuevamente designados en sus anteriores cargos, en un claro caso no ya de “candidaturas testimoniales” sino de “renuncias testimoniales”. Lo que se dice, un auténtico ejemplo republicano.

3° De allí que el caso de Scioli, si bien llamó la atención de muchos así como de diversas críticas infundadas desde el punto de vista institucional, no sorprendió a quienes analizamos estas cuestiones. Es que Scioli ocupando una banca como diputado nacional, fue designado embajador en Brasil por decreto del presidente y con acuerdo del Senado, país al que viajó e incluso mantuvo reuniones con su presidente y otros funcionarios, pero sin que se publicara en el Boletín Oficial el decreto de su nombramiento, requisito ineludible para poder ejercer ese cargo diplomático. Por ello, era menester que Scioli presentara su renuncia a la banca de diputado y que la Cámara respectiva la aprobara tal como lo exige el art. 66 de la Constitución Nacional, nada de lo cual ocurriera al tiempo de participar en la sesión del cuerpo para lo cual se encontraba habilitado. Siendo así, la situación de Scioli, al igual que las de Mirkin y Eliceche, desde el punto de vista legal les permitía seguir ejerciendo el cargo de diputados, participando y votando en las sesiones del cuerpo, hasta tanto el mismo tratara y aceptara, la renuncia de Scioli y las licencias de los dos restantes. El cuestionamiento, entonces, a estas actitudes no pasa por lo legal sino por lo ético y desde ese punto de vista las opiniones son coincidentes en el sentido que las mismas no resultan compatibles con la forma republicana de gobierno.

4° Finalmente, y dado que la expresión “trucho” tiene un amplio significado que abarca tanto a cosas como a personas (falsas; arteras o de mala calidad) podemos calificar así al senador Oscar Parrilli -¡qué país generoso!- a quien su jefa definiera como (la continuación de la piel cornificada, formada por una fibra de queratina y constituida por una raíz y un tallo + “todo” en portugués) bien entendido que lo fue en el sentido del “que tiene pocas luces o que obra como si las tuviera”, según el diccionario de la RAE. Parrilli, un personaje periférico de la política nacional, siempre se caracterizó por su obsecuencia hacia su “jefa” CFK, siendo el elegido para decir y hacer lo que ella no decía ni hacía. Basta escuchar las famosas conversaciones telefónicas entre ambos para apreciar su falta de personalidad y carácter al ser tratado como se dijera. Ahora, el “trucho” en cuestión y “bueno para nada” ha resucitado con el nuevo gobierno y se ha convertido, una vez más, en el mayordomo de CFK para expresar su pensamiento, tal como lo acaba de hacer cuando refiriéndose al Poder Judicial afirmó que “ser juez hoy es como tener sarna, es lo peor que le puede pasar a un ser humano en la función pública”. En primer término cabe señalar que semejante exabrupto representa una ofensa e injerencia desde el Poder Legislativo hacia otro poder independiente como lo es el Judicial, pero que en boca de este personaje solo merece el repudio de la clase política la cual -con honrosas excepciones- ha permitido una vez más este atropello a la República y pone en duda si, refiriéndose al cuerpo que integra, cabe seguir hablando de la “Honorable” Cámara de Senadores la cual -como parte del Poder Legislativo- mantuvo silencio de radio…Y tal postura fue igualmente sostenida por Daniel Menéndez quien al referirse a los jueces afirmó que “Deben estar entre las peores cosas que tiene el país. Ha habido un chiquero en la promiscuidad entre los jueces y la política”. El caso es que Menéndez es funcionario del gobierno junto a Pérsico, Depetri y otros ex piqueteros ahora repantigados en los cómodos sillones de la burocracia oficial ya que la mejor forma de sacar a un piquetero de la calle es dándole cargos públicos bien rentados.

En mi calidad de ex juez durante 35 años debo decirle a Parrilli que durante el ejercicio de la magistratura nunca tuve necesidad de rascarme y siempre entendí que formar parte del Poder Judicial era una alta responsabilidad que se debía honrar con dedicación, imparcialidad e independencia de toda presión. Como expresaba Fray Benito Feijoo al responder a un conocido que había sido designado juez: “Estoy por arrojarme a decirte que el oficio de juez es una ocasión próxima de pecar que dura de por vida. El que duda si tiene la ciencia suficiente, o la salud necesaria para cargar con tan grave peso; el que no siente en sí un corazón robusto, invencible a las promesas o amenazas de los poderosos; el que se ve muy enamorado de la hermosura del oro; el que se conoce muy sensible a los ruegos de domésticos, amigos o parientes, no puede en mi sentir entrar con buena conciencia en la Magistratura…”

Quizá Parrilli tuvo en mente al ex juez Oyarbide a quien según él mismo denunciara, el kirchnerismo “le apretó el cogote” para sobreseer en forma exprés al matrimonio presidencial en la causa que se le siguiera por enriquecimiento ilícito. Por tanto, “lo peor que le puede pasar a un ser humano en la función pública” no es integrar el Poder Judicial sino haber desempeñado el papel de “felpudo” aceptando mansamente todas las agresiones verbales que recibía de su jefa. Eso sí que es ser (la continuación de la piel cornificada, formada por una fibra de queratina y constituida por una raíz y un tallo + “todo”, en portugués) siempre en el sentido definido por la RAE.

Pero no conforme con ello, también arremetió contra la protesta del campo por las retenciones, pareciendo olvidar lo que pasó con la famosa 125 y el voto de Cobos. Así fue que afirmó que “es un orgullo que esos sean los primeros que nos ataquen” ya que es el sector “que más ganó, se enriqueció, fugó la plata y es el responsable de la crisis que tiene la Argentina”. Parrilli no parece recordar quiénes fueron los que más se enriquecieron durante el kirchnerismo, los que fugaron la plata y los que provocaron la situación económica que vive el país.

Rápidamente se sumaron a esta crítica otros actores tales como Juan Grabois, el amigo del Papa y organizador de piquetes a shoppings, quien poco tiempo atrás y siguiendo a uno de sus ídolos ideológicos -Hugo “¡Exprópiese!” Chávez- propuso expropiar campos para entregárselos a campesinos, siguiendo la lógica de “la tierra es para el que la trabaja” de Juan D. Perón; y además, a través de la aplicación “Habitapp” auspicia igualmente la ocupación de casas que no se encuentran habitadas para ser cedidas a quienes carecen de vivienda.

Ahora fue aún más lejos y definiendo al campo como “parásitos que viven de la renta extraordinaria de la tierra que es de todos” sostuvo que “si no barremos definitivamente, nunca vamos a poder tener niveles de dignidad adecuados”, pareciendo también él ignorar que los parásitos que viven del trabajo de la gente del campo son todos los movimientos que patrocina pidiendo sin cesar subsidios y prebendas que lógicamente, ni él ni sus seguidores pueden bancar, e inclusive sin aclarar de qué forma pretende “barrer definitivamente” a ese sector clave de la producción nacional.

Es evidente que la calificación de CFK de (la continuación de la piel cornificada, formada por una fibra de queratina y constituida por una raíz y un tallo + “todo”, en portugués) siempre en el sentido de la RAE, no es aplicable solo al mayordomo Parrilli.

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