vie. 21 de enero de 2022
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“Entre vencedores y vencidos” por Carlos Baeza

“La única ventaja que les queda a los vencidos es no esperar ninguna” (Virgilio)

Hace largo tiempo que la República diseñada por los Padres Fundadores en 1853 ha bajado ostensiblemente su calidad institucional para convertirse en lo que Guillermo O’Donnell define como una “democracia delegativa” basada en la premisa “de que quien sea que gane una elección presidencial tendrá el derecho a gobernar como él (o ella) considere apropiado, restringido sólo por la dura realidad de las relaciones de poder existente y por un periodo en funciones limitado constitucionalmente.

El presidente es considerado como la encarnación del país, principal custodio e intérprete de sus intereses. Las políticas de su gobierno no necesitan guardar ninguna semejanza con las promesas de su campaña, ¿o acaso el presidente no ha sido autorizado para gobernar como él (o ella) estime conveniente?”. A fin de mantener esa figura paternal su base política no reposa en los partidos políticos sino en un movimiento, y por ende, otras instituciones como el poder legislativo o el judicial no representan sino estorbos en su gestión, en tanto que la rendición de cuentas acerca de ella no es más que un obstáculo a la plena autoridad que le ha sido delegada.

Y así, a través de elecciones legítimas se procura conformar una mayoría que faculte al elegido, durante un periodo determinado, a erigirse en la encarnación y el intérprete de los interesas de la nación toda. Revistiendo ese carácter individualista, se espera que los votantes, más allá de sus afiliaciones y preferencias, elijan al sujeto más conveniente para dirigir el país, con lo cual “después de la elección, los votantes (quienes delegan) deben convertirse en una audiencia pasiva, pero que vitoree lo que el presidente haga”.

Es que como lo destacan Acemoglu y Robinson (“Por qué fracasan los países”) el progreso de las naciones no obedece a su situación geográfica, sus riquezas o su población sino al respeto de sus instituciones; y de allí que el fracaso de esos países -entre los que citan a Argentina- “adopta la forma de falta de actividad económica suficiente, porque los políticos están encantados de extraer recursos o de aplastar cualquier tipo de actividad económica independiente que los amenace a ellos y a las élites económicas.

Por ello, el resultado es el estancamiento económico que lleva a que muchos de esos países sean más pobres hoy de lo que lo eran en la década del 70”, concluyendo en que para los economistas, “Argentina es un país desconcertante. Para ilustrar lo difícil que era comprender a Argentina, el economista Simón Kuznets, ganador del Premio Nobel, dijo su famosa frase de que existen cuatro tipo de países: desarrollados, subdesarrollados, Japón y Argentina”.

1° Cuando en la noche del pasado domingo 14 se conocían los resultados de las elecciones realizadas en esa jornada, ya el presidente Alberto Fernández invitaba a un acto el miércoles siguiente al celebrarse el Día de la Militancia expresando: “¡Celebremos este triunfo como corresponde”; en tanto que la diputada electa Tolosa Paz pudo decir: “A nosotros nos tocó perder ganando; ellos pueden haber ganado perdiendo”; mientras que no podía faltar el lenguaraz mayor que funge de ministro de inseguridad para quien “El triunfo lo tenemos nosotros porque hemos mejorado nuestra performance”.

Finalmente, el Día de la Militancia el mismo presidente pronunció su mejor interpretación al decir: “El triunfo no es vencer sino es nunca darse por vencido” La presunta copia del presidente en torno al célebre “Piu avanti” de Pedro Bonifacio Palacios (“Almafuerte”) que resultó más propia de un manual de autoayuda o de los sobrecitos de azúcar, no se ajusta al original cuando el bardo dice: “no te des por vencido ni aún vencido, no te sientas esclavo ni aún esclavo, trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz, ya mal herido”; pero a continuación agrega: “Ten el tesón del clavo enmohecido, que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo, no la cobarde estupidez del pavo, que amaina su plumaje al primer ruido”.

No hay que ser un gran intelectual -ni siquiera un docente de la UBA- para entender qué significa ganar, perder y empatar: según el diccionario de la RAE, lo primero es aventajar, exceder a alguien en algo; lo segundo es no obtener lo que se disputa en un juego, batalla, oposición o pleito; y lo último es obtener un mismo número de puntos o de votos en una votación. Lo cierto es que el oficialismo, frente al resultado de los comicios, se negó a reconocer la realidad que surgía de las urnas, en una maniobra típica del kirchnerismo y que ya fuera puesta en práctica cuando CFK se negó a entregar al electo presidente Mauricio Macri los atributos del mando, ya que -como lo explicitara en su obra cumbre “Sinceramente”- “todo Cambiemos quería esa foto mía entregándole el mando a Macri porque no era cualquier otro presidente. Era Cristina, era la yegua, la soberbia, la autoritaria, la populista en un acto de rendición”.

Ahora, una vez más, al igual que ocurriera en precedentes elecciones legislativas, el oficialismo perdió tanto en las P.A.S.O como en las generales y de allí que la falacia de no reconocer esos guarismos quedó al descubierto al revisar las cifras de los cómputos oficiales; paradoja que me hizo recordar la historia del hacha: “El bosque seguía muriendo y los árboles seguían votando al hacha…Ella era inteligente: les había hecho creer que porque tenía el mango de madera, era una de ellos”.

2° Los constituyentes nacionales adoptaron la forma de gobierno republicana y dentro de ella, el tipo indirecto o representativo, lo que brinda respuesta a la cuestión de saber en quién reside la autoridad. En tal sentido la respuesta hay que buscarla en la conjunción de tres cláusulas. Conforme al art. 1°, la forma seguida es la república representativa; es decir, aquella en que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes y autoridades creadas por la Constitución (art.22); en tanto que el art.33 expresa que “Las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución, no serán entendidos como negación de otros derechos y garantías no enumerados; pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno”.

De esta forma y si bien la autoridad reside en el pueblo (república) su ejercicio es confiado a quienes el mismo pueblo elige (representativa); o en otros términos: los ciudadanos reteniendo la soberanía popular en ellos depositada, delegan su ejercicio en representantes elegidos directa o indirectamente y a través del sufragio por un periodo determinado.

Siendo así, nuestra Constitución ha instrumentado la periódica renovación de los gobernantes, proporcionando las bases para proceder a esa sucesión, pero dejando en manos de la legislación ordinaria la fijación de los sistemas electorales, esto es, los mecanismos a través de los cuales es posible cuantificar y traducir en cargos o bancas, los votos obtenidos en un acto comicial por los distintos partidos o fracciones intervinientes.

En el caso de nuestro país la característica ha sido un sistema bipartidista, con partidos dominantes que en ocasiones exhiben aspiraciones hegemónicas y sin que, en general, la rotación o alternancia entre los mismos haya obedecido al libre funcionamiento pendular a través de comicios, sino merced a golpes de estado. De los primeros sistemas electorales (lista plural o completa) en los que solo triunfaba el partido que obtenía más votos que el resto, hemos pasado a regímenes proporcionales en los cuales y mediante mecanismos matemáticos, es posible una mayor transparencia y representatividad (D’Hondt).

De allí que el mismo Alberdi destacaba la importancia que cabe asignar a los sistemas electorales, al afirmar que “todo el éxito del sistema republicano en países como los nuestros depende del sistema electoral. No hay pueblo, por limitado que sea, al que no pueda aplicarse la República, si se sabe adaptar a su capacidad el sistema de elección o de su intervención en la formación del poder y de las leyes”. Nuestra Constitución Nacional mediante la reforma de 1994 introdujo el sufragio como un derecho explícito y de allí que el art. 37 disponga que el mismo es “universal, igual, secreto y obligatorio”, o como lo define la doctrina anglosajona: “one men, one vote” (una persona, un voto).

Lo que nunca ha estado en duda en una auténtica democracia republicana es el irrestricto respeto a la voluntad popular expresada a través del sufragio siempre que los comicios hayan sido transparentes y que no haya habido proscripciones, permitiendo la libre competencia entre las diversas fuerzas intervinientes.

3° Por tanto, cabe preguntarse ¿qué dicen los resultados de la elección del 14 de noviembre? A nivel nacional, Juntos “perdió” 42,18% contra el FdT. con 33,87%; en tanto que sobre un total de 24 distritos el FdT ganó solo en 9. ¿Y cómo fueron los resultados los distritos en los cuales Juntos “perdió”? Analizando los números -primero, los de Juntos y a continuación los del FdT. tenemos: CABA (47,01 a 25,10); Córdoba (54,04 a 10,48); Mendoza (49,54 a 26,10); Entre Ríos (54,52 a 31,64); Corrientes (58,91 a 36,50); Jujuy (49,05 a 25,85); Santa Cruz (35,02 a 27,55); Chubut (37,95 a 28,31); Misiones (40,91 a 36,62); Santa Fe (40,23 a 31,30); La Pampa (48,01 a 42,39); y San Luis ( 46,07 a 45,58).

En cuanto a la provincia de Buenos Aires no fue “casi un empate” (vocera oficial dixit) sino que Juntos obtuvo 3.550.321 votos y el FdT 3.444.446, esto es, una diferencia de 105.875 votos, por lo cual los primeros ganaron (ni perdieron ni empataron) la elección en esa provincia. Como se advierte en todos estos distritos -además de otros 2 en los cuales el FdT también perdió- Juntos obtuvo cifras superiores a las del FdT. o sea que, “ganaron” estos últimos, según la trasnochada interpretación de quienes realizaron un acto para festejar “este triunfo como corresponde”.

Donde sí ganó el FdT fue en la población carcelaria, agradecida con el gobierno porque gracias a las masivas liberaciones de presos comunes por razones de “pandemia” que hoy siguen delinquiendo por no haber retornado nunca a la cárcel, los que quedaron todavía entre rejas tienen más espacio y esperan poder gozar de esa libertad en un futuro no muy lejano.

En ese ámbito el FdT superó a Juntos por 9.500 votos contra 2.386. Además, Juntos triunfó en 109 de los 135 distritos que conforman la provincia de Buenos Aires; en tanto el FdT desde las elecciones de 2019 perdió más de 5.100.000 votos e igualmente dejó de contar con quórum propio en el Senado. ¿Queda claro quién ganó y quién perdió? Tal vez el presidente olvidó la cita de Epicteto: “Jamás serás vencido si no emprendes combate en que no dependa de ti vencer”.

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