“Estoy en desacuerdo con tus ideas, pero daría gustoso mi vida para defender tu derecho a expresarlas.” Voltaire
Pocos días atrás, el mundo se conmocionó frente al intento de magnicidio del presidente de los EE. UU, Donald Trump, y que afortunadamente pudiera ser abortado por el servicio secreto que logró abatir y detener al agresor, sin que se registraran consecuencias personales. El hecho ocurrió en la noche del 25 de abril pasado en el hotel Washington Hilton en el transcurso de la cena de gala que anualmente ofrece el gobierno de los EE. UU a la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. En tanto, en la Argentina de la anomia, el gobierno montado en su slogan “NOLSALP” (“No odiamos lo suficiente a los periodistas”) anulaba las credenciales de los más de 60 corresponsales acreditados en la Casa Rosada impidiendo su entrada y clausuraba la sala de periodistas en ese ámbito.
1° El hecho, que no reviste antecedentes ni aún durante los gobiernos militares, se inscribe en la campaña que desde el inicio de su gestión gubernamental ha llevado adelante el presidente Milei contra la prensa en general, tanto sea respecto a determinados periodistas como igualmente a los medios en los cuales estos cumplen sus labores y que se caracterizara por la incesante catarata de insultos, agravios y descalificaciones a dicho sector de la sociedad. El Centro de Datos de Chequeado, en febrero de 2025, analizó discursos y manifestaciones en las redes del presidente, desde el inicio de su gestión hasta esa fecha y detectó 1.051 ataques a economistas, partidos de la oposición y periodistas, con un promedio de 2,4 insultos diarios, predominando los vertidos especialmente contra la prensa. Igualmente, el informe de F.O.P.E.A titulado: “El insulto como estrategia. Un análisis de 113.000 tuits de Milei”, abarca desde el inicio de su gestión hasta septiembre de 2025, lapso en el cual profirió insultos y descalificaciones a 62 periodistas y comunicadores, así como a 14 medios de comunicación; agregando que en 2025 se registró un récord de 278 ataques contra periodistas en el país, representando el número más alto desde la creación del relevamiento en 2008. Por otra parte, un análisis del diario “La Nación” destaca que, en el primer año de gestión, Milei brindó 58 entrevistas y 84 discursos, utilizando 4.000 agravios dirigidos a periodistas y medios de comunicación. Finalmente, el ranking de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Frontera, destaca que Argentina sobre un total de 180 países, pasó del puesto 29 en 2022 (3° en América) al puesto 98 en 2026 (15° en América).
2° Giuliano da Empoli, en su ensayo “Los ingenieros del caos”, analiza diversos casos de partidos y gobiernos de derecha y extrema derecha destacando como nota común los ataques y agravios a la prensa. Así, recuerda al “Movimiento 5 Estrellas” italiano, fundado por el comediante Beppe Grillo, el cual en su blog tenía una sección dedicada al “periodista del día”, generalmente reporteros que hubieran criticado alguna medida del citado espacio, señalándolos como ejemplos de mala fe y corrupción de los medios italianos, convirtiéndolos en objeto de insultos y amenazas en las redes. Ello generó que, en 2015, la Federación Internacional de Periodistas señalara que “El nivel de violencia contra los periodistas (intimidación verbal y física, provocaciones y amenazas) es alarmante, especialmente cuando políticos como Beppo Grillo no dudan en divulgar los nombres de los periodistas que no son de su agrado”. Y un detalle importante: cuando aún Javier Milei no había hecho su irrupción como panelista en los medios nacionales, dos periodistas del “Corriere della Sera” publicaban un libro, “La casta”, que con una venta de un millón de ejemplares, se convertiría en una expresión del pueblo contra las élites gobernantes, descubriendo los privilegios de la política, desde el último de los concejales municipales hasta el propio presidente de la República.
Señala también al gobierno de Donald Trump en su primera gestión quien contaba con un fuerte movimiento de troles lo cual era “una forma de periodismo hecho por alguien que no está sentado en una redacción” y que ellos eran “las únicas personas que todavía dicen la verdad, como los bufones de la Edad Media”. Y así comenzaron los insultos sexistas contra una periodista de televisión; la imitación de un reportero discapacitado que lo había criticado; los apodos infantiles hacia otros candidatos republicanos, como, por ejemplo, Marco Rubio -hoy funcionario clave de su gobierno- a quien apodaba “Little Marco”. Es que como afirma el autor hacer campaña contra Trump “implicaba ser teletransportado al patio de una escuela, donde el matón de la clase es medio analfabeto, pero también -vaya usted a saber por qué- realmente eficaz a la hora de ridiculizar a la maestra y a los empollones cuatro ojos”. Se trata, como explica el mismo da Empoli, del marco de un mundo de por sí caótico al que todavía cabe aplica la máxima de Henri Bergson: “De diez errores políticos, nueve consisten simplemente en seguir creyendo verdadero lo que ha dejado de serlo. Pero el décimo, que podría ser el más grave, consiste en dejar de creer en lo que sigue siendo cierto”.
3° En nuestro caso, del análisis de los términos utilizados por el presidente para descalificar al periodismo, surgen las siguientes expresiones; “basura”; “ensobrado”; “mandril”; “rata”; “esbirro”; “pautero”; “extorsionador”; “sorete”; “cómplice”; “sátrapa”; “parásito mental”; “delincuente malparido”, entre otras. En el mismo sentido, durante los 4 días de la pasada Semana Santa, Milei publicó 86 tuits propios contra periodistas y replicó 874 de militantes e influencers de LLA, como “El Gordo Dan” (Daniel Parisini) quien le propuso declarar al periodismo como “organización terrorista”, todo lo que le insumiera algo más de 14 horas; sin olvidar que según sus propias expresiones y sin brindar ninguna prueba, sostuvo que “El 95% de los periodistas son delincuentes y ensobrados”. Ello deja a salvo solo a un 5% de periodistas que, como todos sabemos, son el grupete de comunicadores que dominicalmente comparten videos de óperas y posterior cena con el presidente en Olivos, revelando así la existencia de un selecto rejunte de recientes sommeliers líricos, a quienes nadie vio jamás pisar un teatro para deleitarse con ese género musical.
No es ocioso recordar, asimismo, que el presidente nunca brindó una conferencia de prensa y que solo en una ocasión -junio de 2024- concurrió a la sala de periodistas solo para reiterar sus agravios a un corresponsal a quién le espetó: “Vengo a ver al domado”. Por otra parte, el último acto de cerrar la sala de prensa de la Casa Rosada impidiendo la labor de quienes allí se encuentran acreditados, ya tuvo un reciente antecedente a comienzos de abril de este año, cuando retiró las acreditaciones a periodistas de 6 medios, imputándoles haber participado de un presunto complot organizado por espías rusos quienes habrían sobornado a hombres de prensa locales para difundir falsas noticias contra el gobierno, nada de lo cual ha sido materia de prueba alguna y sin que existan periodistas o medios imputados. Precisamente, la última medida clausurando la sala de periodistas de la Casa Rosada, tuvo su origen en una denuncia por espionaje que la Casa Militar formulara contra los periodistas Luciana Geuna e Ignacio Salerno -a quienes calificó como ”basuras repugnantes”- por haber difundido en su programa de TN, imágenes tomadas de espacios públicos de la Casa Rosada que de ninguna forma puedan haber configurado delito alguno, por tratarse de tomas que son públicas y pueden encontrarse en Google y que se reiteran cada vez que se organizan excursiones guiadas a la Casa Rosada donde puede apreciarse, sin restricción alguna, la utilización de celulares por parte de los visitantes.
Y bien: en una de sus últimas apariciones, el presidente Milei reivindicó su derecho a insultar al periodismo afirmando que como sus miembros difunden falsedades acerca de sus actos y medidas de gobierno, se halla habilitado para ejercer su derecho a defenderse. Es obvio que la gestión gubernamental no necesariamente puede satisfacer a todos los habitantes y de allí que algún medio o periodista, ejerciendo su profesión, emita una opinión o comentario que esté en disconformidad con dicha gestión; y cabe al presidente, si así lo cree conveniente, refutarla y dar sus argumentos. Pero ello no implica que esas divergencias puedan saldarse mediante insultos y descalificaciones contra los periodistas que no opinan igual que el titular del P.E. Sin embargo, en ninguno de tales improperios vertidos por Milei a raudales ha podido encontrarse algún agravio similar proveniente de un periodista contra su persona o investidura, lo cual es fácilmente comprobable para cualquier ciudadano con el simple recurso de bucear en Google sobre ese aspecto. Además, no se condice con el estilo y sobriedad que caracterizan, por ejemplo, a Carlos Pagni o Joaquín Morales Sola, entre otros, haber recurrido a insultar o agraviar al titular del P.E. con alguna descalificación o injuria -al menos que haya tomado estado público en los medios como necesariamente debería ocurrir si así fuera- y por el contrario, se ha naturalizado recurrir a los agravios contra periodistas que, en ejercicio de su profesión, no coinciden con ciertas medidas o acciones del gobierno, como si ello no fuera precisamente su labor cotidiana.
Sostiene Joaquín V. González que la prensa “es uno de los más poderosos elementos de que el hombre dispone para defender su libertad y sus derechos contra las usurpaciones de la tiranía, y por este y los demás objetos generales y particulares de su institución, puede decirse que por medio de la palabra y de la prensa, el pueblo hace efectiva y mantiene toda la suma de soberanía no conferida a los poderes creados por él en la Constitución”. Es que como lo tiene resuelto la Corte Suprema de Justicia nacional “La consagración del derecho de prensa en la Constitución, como dimensión política de la libertad de pensamiento y de la libertad de expresión, es consecuencia, por una parte, de las circunstancias históricas que condujeron a su sanción como norma fundamental, y por la otra, la de la afirmación, en su etapa artesanal, del libre uso de la imprenta como técnica de difusión de las ideas frente a la autoridad que buscaba controlar ese medio de comunicación, mediante la censura (Fallos 306:1892) Se ha dicho asimismo que “De tal manera, todos los habitantes pueden expresar sus ideas a través de la prensa, lo que supone que tal exteriorización por ese medio y en la extensión dada a ese término, no puede ser objeto de censura previa a su publicación, puesto que para resguardo de la propia libertad de prensa, y aun corriendo el peligro de su posible abuso, la Constitución ha proscripto el recurso a la censura previa (Fallos 270:289) Ello no impide que, de cometerse delitos a través de la prensa, sus autores no sean responsables ante la ley.









